La guerra en Somalia mantiene hoy el mismo signo de destrucción y muerte que antes de la derrota en 1993 de las tropas de Estados Unidos, país todavía responsable de esa situación, aunque sin presencia física de consideración tras retirarse entonces estrepitosamente del país africano.

Transcurrido casi un cuarto de siglo de aquel fiasco militar frente a guerrillas locales, que obligó a esa decisión al presidente del momento, William Clinton, y fue reflejado por la literatura y el cine como La caída del halcón negro (Black Hawk Down), la acción castrense estadounidense continúa allí mediante asesores y aviones sin tripular (drones).

Porque en realidad Estados Unidos nunca se fue del todo, pues se mantuvo siempre involucrado de forma militar con el país, sin renunciar tampoco a un regreso más oficioso, pese a que aquella derrota fue la más sonada de su ejército después de la de Vietnam (1955-1975).

Washington siempre pensó en restaurar su presencia, tanto diplomática como militar, esta última representada ahora sin muchas tropas de combate, mediante instructores y consejeros, llegados al país en 2014 por primera vez en 20 años. Ello sin mencionar la actividad estadounidense de inteligencia y de sus mecanismos administrativos de subversión.

Pero hasta esa presencia mínima, desplegada en la capital, Mogadiscio, para coordinar operaciones de fuerzas de la Unión Africana contra islamistas, sin descuidar fuertes medidas para esconder su número, aunque se estiman en medio centenar, también tuvo su descalabro durante un combate en mayo último contra el grupo islamista Al Shabab.

El balance en el choque de un soldado de tropas especiales (Navy SEAL) muerto y dos heridos, primeras bajas estadounidenses de ese tipo desde la debacle de 1993, recordó el affaire del Black Hawk Down (19 muertos, 79 heridos, dos helicópteros derribados y otros tres dañados) y puso al Pentágono de nuevo en tensión.

El retorno estadounidense a Somalia por cualquier vía tuvo también una nueva señal diplomática, con el anuncio el 23 de junio pasado del embajador estadounidense en el país (con residencia en Nairobi, Kenya), Stephen Schwartz, de que su gobierno habilitará aquí de nuevo una embajada a fines de año, la primera después del cierre de la anterior en 1991 con el derrocamiento del entonces presidente Mohamed Siad Barre.

Schwartz, nombrado en el cargo en julio de 2016 y cuya antecesora fue Katherine S. Dhanani, quien asumió en 2015 el cargo por primera vez desde 1991, precisó que su país aprobó la construcción de una nueva edificación, cuyo personal continuará el trabajo iniciado tras el reconocimiento por Washington en 2013 al nuevo gobierno federal de Somalia.

¿Porqué Estados Unidos persiste en esa presencia en Somalia? Aunque según Washington la explicación más simple es el mencionado asesoramiento y preparación de las fuerzas del Ejército, ‘ineficaz y corrupto’, para su enfrentamiento a las milicias islamistas de Al Shabab, expertos políticos y militares argumentan otros propósitos geopolíticos, militares y económicos.

Esas aspiraciones datan de hace mucho, pero tuvieron una nueva fase con la puesta en marcha en 2007 por el Pentágono del Mando África de Estados Unidos o Africom destinado a controlar las riquezas y las decisiones políticas de esa región.

El ex embajador de Estados Unidos en Somalia Daniel H. Simpson (1994-1995), opinó que parte del motivo de esa presencia de su país es porque este ‘tiene su única base en África en Djibouti, la antigua Somalilandia Francesa, en la costa relativamente cercana a Mogadiscio’.

Algunos funcionarios y medios de prensa, por su parte, especulan que el interés de Washington se debe a las potencialidades energéticas de África del este, mediante yacimientos como el de la Cuenca del Lago Alberto, en Uganda, junto a otras reservas de petróleo y gas natural en Tanzania y Mozambique, mientras otras investigaciones privilegian a Etiopía y Somalia.

Un director ejecutivo de una firma occidental declaró bajo condición de anonimato que esta es ‘la última área con verdadero alto potencial en el mundo sin ser plenamente explorada’.

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