La situación actual del mundo no es precisamente óptima para alcanzar estabilidad y bienestar. Y sin embargo, todos los seres humanos buscan, y necesitan, sentirse seguros para poder vivir en paz y evolucionar.

La proliferación de conflictos y tensiones internacionales amenazan la paz y la estabilidad de diferentes regiones del planeta. En la actualidad, el terrorismo puede golpear en cualquier lugar del mundo,  y la violencia individual puede alcanzar el seno de la familia… Esta falta de armonía en la convivencia de unos individuos con otros, de unos países con otros, de unas ideologías con otras, es algo muy antiguo, algo que está pendiente de ser solucionado por la comunidad humana.

Cualquier persona que se preocupa por estos hechos, que ve que hay una gran inseguridad individual y colectiva, puede sentir la necesidad de hacer algo para cambiar la situación. Puede que quiera aportar algo para solucionar este problema. Y, como vamos a ver, no es poco lo que puede hacer cada persona.

Las disputas bélicas no han logrado, a lo largo de la historia, establecer una paz duradera. Lo que realmente puede traer una nueva era de paz y prosperidad a la humanidad, no es luchar, no es competir, ni imponerse…, sino ser justos, honestos y aprender a colaborar.

Las relaciones personales son la base de la sociedad

Cualquier grupo humano, desde una familia hasta la ciudadanía de un país, está forjado por las relaciones entre sus componentes. Estas relaciones, individuales y colectivas, son los ladrillos que forman el edificio de la sociedad. Cuanto más saludables y armoniosas sean las relaciones interpersonales, más saludable y armoniosa será la sociedad.

La armonía en las relaciones, la verdadera armonía, es una fuente de bienestar, felicidad y seguridad. Por tanto, hay que aprender a relacionarse correctamente, lo que significa ser capaz de entender a los demás, respetarles, colaborar, sentir y mostrar gratitud y afecto, valorar las virtudes y aciertos, entender los errores, alegrarnos con sus alegrías, compartir las propias…En definitiva, aprender juntos.

¿Y cómo se consigue esto? 

Las desavenencias en las relaciones, entre individuos, dependen de los conflictos personales de los individuos mismos. Conflictos tales como el temor, la desconfianza, el egocentrismo, la inseguridad, la ira, el odio…, que impiden el florecimiento de la confianza, la colaboración, la ayuda mutua, la búsqueda del bien común…

Puesto que estos problemas personales afectan a las relaciones que los seres humanos establecen y, de manera directa, afectan al conjunto de sociedad, es importante aprender a resolverlos.

¿La personalidad es un obstáculo?

No lo es. La personalidad está formada por el patrón de actitudes, pensamientos, sentimientos y comportamientos, conscientes e inconscientes, que caracterizan a una persona. De todos estos patrones, unos son propios de la naturaleza de la persona, y otros son aprendidos.

Los conflictos surgen de los errores aprendidos, es decir, no forman parte de la esencia del ser humano, aunque en la actualidad estén tan presentes en la vida cotidiana. Son conflictos aprendidos, por ejemplo, la inseguridad, el orgullo, la ira, el rencor, la envidia…, incluso el miedo.
La mayoría de las personas no han aprendido a resolver, por ejemplo, el miedo o la agresividad, pero esto no quiere decir que sean «naturales» o propios del ser humano. Son rasgos habituales, porque son la manifestación de errores psicológicos compartidos por la mayoría, pero se pueden solucionar.

Así, se puede aprender a cambiar todo aquello de su personalidad que produce dificultades, sufrimiento, en uno mismo y en los demás. La forma de hacerlo es entendiendo el fondo de cada conflicto, comprendiendo bien las causas. Usted seguirá siendo usted, pero sin sus problemas.

Lo que puede hacer usted por la paz mundial

Si, como hemos expuesto, el tejido social, la base de una comunidad, su capacidad de desarrollarse y vivir en armonía, depende del tipo de relaciones que establecen sus individuos, es evidente que aprender a resolver sus propios conflictos no sólo le favorece a usted mismo, sino que aportará bienestar a los demás, y en última instancia estará favoreciendo la armonía y la paz mundial.

Pero como la vida diaria no puede esperar a que cada uno resuelva sus dificultades y, además, aprender a resolver los temores no se hace en un día, la forma más inteligente de llevar a cabo este aprendizaje es, precisamente, en la vida cotidiana. Es decir, vivir aprendiendo.