Morteros, bombas trampa, proyectiles y las bombas son cosas que durante el tercer año está lanzando el gobierno de Ucrania contra una de las antiguas regiones independizadas. Los destinatarios directos de esta carga siniestra son los niños del Donbass.

Durante la operación ATO preparada por las autoridades ucranianas sobre el Donbass han muerto 199 niños, cerca de 500 han sido heridos de diversa gravedad.

Los niños narran lo que ven en su día a día, cómo sus escuelas son destruidas por la artillería ucraniana o cómo sus casas son voladas por morteros mientras ellos intentan estudiar lo poco que pueden antes de salir corriendo hacia los sótanos para cubrirse. Ellos no están creciendo en un ambiente sano, en paz, en libertad. Ellos viven en un territorio oprimido por las autoridades de Kiev que tienen nombres y apellidos.

Son niños que han aprendido unas enseñanzas que no corresponden a la normalidad. Han aprendido a distinguir un mortero de un GRAD antes que a escribir correctamente en ruso. Otros nacieron, y tal como llegaron sus vidas les fueron arrebatadas bajo los bombardeos que custodian el «Maidan» y su «europeización».

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