El intervencionismo abierto y total de Estados Unidos en Siria, en contra de cualquier ley internacional proclamada siempre débilmente por Naciones Unidas, es un hecho evidente y real, sin cortapisas y a pesar de las manipulaciones mediáticas.

En las redes sociales abundan en ejemplos concretos en ese sentido y difunden lo que ‘absurdamente’ no está presente en los grandes centros de difusión de Occidente.

Nadie niega que Washington, a partir de un contingente de tropas especiales de unos dos mil hombres al norte de Alepo, estableció al menos ocho bases de operaciones en Kobani, Manbij, Hasaka, Al Shedah y Tabqa, territorios sirios.

Esa labor de ‘zapa continua’ se ha realizado tras un intenso trabajo de inteligencia y penetración de las fuerzas kurdas y de la llamada oposición democrática siria, y en menor medida contra el Estado Islámico, Daesh en árabe.

Tal situación, que ha generado divergencias con Turquía y cuyas tropas se despliegan en esas regiones mencionadas, tiene sin embargo el objetivo de propiciar el caos, desmembrar a esta nación del Levante e impedir el avance del Ejército sirio para reconquistar la tierra que les pertenece.

Los requisitos internacionales para impedir tales casos existen en el seno de Naciones Unidas, forman parte de su estructura administrativa pero son ignoradas como es habitual en el seno del Consejo de Seguridad por la pérfida actuación de Estados Unido, Reino Unido y Francia.

La escalada de la agresión contra Siria, con antecedentes claros y precisos a partir de la ‘promoción’ de las primaveras árabes, responde no a teorias conspirativas sino a planes y proyectos largamente pensados desde la primera invasión a Irak.

Los aliados reales de Siria, presentes en el Consejo de Seguridad o fuera de éste, Rusia, China e Irán, siguen siendo sensatos, calmados en su actuación y realistas y objetivos pero todo tiene un límite y a ojos vistas, ‘parar’ a Estados Unidos y sus acólitos, es algo que ya no puede obviarse.

Para los ‘tanques pensantes’, los servicios de inteligencia occidentales y de sus ‘socios’ regionales en el Medio Oriente, la resistencia y firmeza de Siria los desconcierta y apelan ahora a un incremento nunca visto de imponer el espanto y el terror sin medir consecuencias.

Sin sensacionalismo o manipulaciones, Siria es ahora la apertura de una crisis que supera con creces, por los actores involucrados y las armas en el terreno de combate, cualquier otra situación generada en la llamada Guerra Fría.

Por Pedro Garcia Hernandez