Es un hecho perfectamente conocido que cuando las autoridades ucranianas anuncian alguna de sus medidas “desafiando” a Rusia y a la RPD y la RPL, esas medidas pronto se convierten en otro duro golpe contra la economía ucraniana y su población.

Recuerden, por ejemplo, que al bloquear el canal que suministra agua a Crimea, mientras la administración rusa de Crimea trataba de buscar una solución al problema, la región de Jerson de Ucrania sufrió, a causa de la sequía, una mala cosecha. Los radicales iniciaron el bloqueo de Crimea, primero de energía, lo que dejó sin electricidad a una serie de localidades de las regiones de Jerson y Nikolaev. Mientras tanto, en Crimea se construía un puente energético. Después llegó el bloqueo de carga y alimentos. A consecuencia del bloqueo, los productores de Jerson y Nikolaev volvieron a sufrir pérdidas. Los tribunales de Kiev restablecieron el régimen de comercio entre Ucrania y Crimea, pero entonces Crimea respondió con humor, diciendo gracias, pero ya no necesitamos comercio con Ucrania.

Sin embargo, Kiev no consiguió calmarse. En primer lugar, organizaron el bloqueo de Donbass, donde no solo bloquearon el flujo de energía (para las plantas eléctricas) y el carbón de coque (para las plantas metalúrgicas). También rechazaron el gas ruso, que Ucrania recibe ahora, no directamente de Rusia, sino a través de intermediarios europeos, lo que supone un aumento del precio. Es decir, Ucrania sigue consumiendo gas ruso, aunque ahora cada metro cúbico supone un precio más alto para los consumidores ucranianos. El carbón de Donbass debe ir a Ucrania a través de Rusia, lo que encarece el precio original. Un país rico, Ucrania, que puede permitirse, no solo no ahorrar en los productos, sino pagarlos a mayor precio. Como se decía en nuestra infancia soviética: “compra un billete y el conductor irá andando”.

Pero Kiev no se confirmó con estas compras caras. Y decidió dar otro golpe contra el oligarca Rinat Ajmetov, cuyo carbón de Donetsk compra bajo la tapadera de que es ruso. Al volver de su viaje a Estados Unidos, el presidente de Ucrania Petro Poroshenko anunció que Ucrania comenzaría a adquirir carbón, no en cualquier lugar, sino en Estados Unidos. Dos millones de toneladas de carbón de antracita llegarán a Ucrania de Pensilvania. Con el apoyo de su jefe, el principal encargado de solicitar dinero para ello en los foros internacionales es Pavlo Klimkin.

“El proceso de negociación continúa, es importante que seamos capaces de comprar, no en Rusia ni en los territorios ocupados, lo que necesitamos, que es carbón de antracita”, afirmó orgulloso y, algo tímido, continuó. “Los precios que ofrecen a día de hoy los productores estadounidenses son muy, muy competitivos”.

Al articular lo específico de esos “competitivos precios”, Klimkin ignoró el principal secreto militar y político de Maidan, que Ucrania prefiere comprar carbón de sus amigos antes que de cualquier otro, incluso aunque sea a mayor precio.

Las malas lenguas inmediatamente comenzaron a hacer chistes sobre Ajmetov, del que se decía que planeaba cambiar del nombre de una de sus minas en Donbass para llamarla Pensilvania. Y parece que eso no se aleja en exceso de la realidad. Salvo que el oligarca no necesita cambiar el nombre de nada, ya que, desde 2009, es dueño de la sexta mina de carbón más grandes de Estados Unidos (en extracción de carbón de coque y energético): United Coal. Sin embargo, la compañía no opera en Pensilvania sino en Virginia, Virginia Occidental, Tennessee y otros estados. Pero, qué importa. Lo importante es que sea en Estados Unidos.

Ya comprenden. El mismo carbón de Donbass, integrado, por cierto, en los procesos tecnológicos de las plantas de acero y energía de Ucrania, llegará ahora a Maidan no bajo la etiqueta “hecho en Rusia” sino “hecho en Estados Unidos”. Por supuesto, no será al doble de precio sino al triple, ya que está “producido en ultramar y eso requiere transporte”. Hay pocas dudas de que Ajmetov participará en ello. ¿No es para eso que se cantaron canciones sobre la democracia?

Seguid así, queridos ucranianos. Y seguid creyendo que el gas es de Eslovaquia y el carbón de Estados Unidos. Y que Ucrania es el país más democrático del mundo. Y lo que es más importante: seguid pagando.

PD. No sé por qué, pero no puedo quitarme de la cabeza que en el aeródromo de Belbek, en Crimea, un grupo de militares ucranianos se acercó a nuestros “hombrecillos de verde” a gritos de “América está con nosotros” (para intimidar o para animarse a sí mismos). Pero llevaban la bandera de la unidad soviética que una vez habían sido. Sabían que los “hombres educados” no abrirían fuego contra esa bandera.

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