Los residentes de la palestina franja de Gaza, que alberga a 1,8 millones de personas, experimentan unos 20 cortes de electricidad por día. Según varios informes oficiales dados a conocer por la Agencia EFE, la única planta en funcionamiento de la zona se quedó sin combustible el pasado 16 de abril y dejó de funcionar.

De los 210 megavatios de potencia de los que disponían a diario en Gaza mientras funcionaba dicha central, los gazatíes ahora ya solo iban a contar con cerca de 60 Mw. Para suplir sus necesidades reales, son necesarios entre 450 y 500 megavatios.

Todas las infraestructuras energéticas de la franja han sido dañadas por los sucesivos ataques de Israel. Pero a esos desperfecto, de enorme impacto, ahora se suma una guerra política que impide la llegada de combustible: el Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) decidió suspender el subsidio que llevaba años proporcionando al Gobierno local, controlado por Hamás, para el pago del carburante. Esto hizo que los ciudadanos pasaran de disponer de entre seis a ocho horas diarias de electricidad a menos de cuatro, con el caos en los servicios básicos y esenciales que conlleva.

Ahora, en una nueva vuelta de tuerca, el suministro no pasa de tres horas, ya que Israel ha aprobado la reducción del suministro eléctrico a Gaza a petición del presidente palestino, Mahmud Abbas, una decisión que ha sido duramente condenada por Hamás. Tras esta situación figura la lucha de poder entre Al Fatah -el partido de Abbas y su antecesor, el rais Yasser Arafat– y el Movimiento de Resistencia Islámico, cada cual mandando en uno de los dos principales territorios palestinos: Cisjordania y Gaza.

 

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