Es preciso iniciar este análisis confirmando que son múltiples los intentos fracasados de ajusticiar al presidente sirio Bashar al Assad a través de complots, por lo cual la interrogante se refiere a una guerra declarada, ya que se conoce que el Gobierno estadounidense actualmente realiza una agresión constante al país, ocupando ilegalmente su territorio e impulsando una política de derrocamiento del presidente legítimo, además de apoyar directamente a los grupos terroristas Estado Islámico y Al Qaeda. Es decir, actúa de modo vengativo y amoral debido a su fracaso a la hora de apoderarse de dicha nación, de sus riquezas naturales y de no obtener un nuevo enclave para destruir a Irán, principalmente.

Lo siguiente es ratificar que esta ofensiva se ha dado desde diversos frentes, consolidado en el atentado a avionesen misión antiterrorista y su derribo, junto con el asesinato de civiles de modo inmisericorde, lo que indica un deseo de tensionar la situación para provocar su intervención alegando una defensa falsa. La reciente demolición de la histórica muralla de Raqa para apoyar sus fuerzas y las amenazas de bombardeo como producto de un supuesto suceso con armas tóxicas marca un punto de inflexión muy peligroso.

Atacar de modo directo y en forma de guerra formalizada a las Fuerzas Armadas sirias para demostrar su poderío mundial es menos factible que seguir entrenando takfiríes en su labor terrorista. Lo anterior, por tres razones que permiten dilucidar la pregunta.

En primer lugar, si se presentara de ese modo se podría dar una respuesta contundente por parte de las fuerzas conjuntas rusosirias contra enclaves o bases estadounidenses, junto con una incesante campaña contra las FDS y todos los ‘grupos moderados’. Ello implicaría una declaración de guerra formal y significaría que las potencias occidentales tendrían que comprometerse en una confrontación donde no tienen parte alguna… excepto sus gobernantes vasallos. Es improbable que Europa se vincule sin un rechazo masivo de su población por los costos humanos que implicaría.

En segundo lugar, es muy factible que se continúe apoyando cada vez más a los terroristas del EI por medio de alta financiación, logística mortal, entrenamiento y destrucción de procesos antiterroristas de avance sirio, especialmente al darles información. No se puede olvidar que las tropas estadounidenses están incrementando sus instalaciones militares en Kobani, Manbij, Hasaka, Al Shedada y otras cuatro bases, incluyendo la última, Tabqa, todas en las regiones más ricas en petróleo y gas de Siria. La conquista del norte es un objetivo ya advertido.

En tercer lugar, es difícil que EE.UU. se comprometa por sí mismo en una guerra internacional, pues solo nunca lo hace, sino a través de gobiernos genuflexos que ponen en gran cantidad las muertes militares o civiles extranjeras como daño colateral. Prácticamente ninguna ocupación ha ido solo, sino emplazando mercenarios para ser carne de cañón: sus nacionales eliminados son fruto de no poder evadir dichas muertes.

La coyuntura es nítida: por un lado están las fuerzas soberanas y dignas en el mundo, que buscan la pacificación a través de una alianza en el Medio Oriente que garantice la seguridad del planeta al detener el terrorismo, fundamentalmente encarnado en Irán, Hezbolá, Rusia, Irak y Siria, entre otros, los cuales son ejemplo de insubordinación ante la domesticación que quieren imponer las élites occidentales.

No se puede olvidar jamás que nunca EE.UU. ha realizado una guerra con vecinos limítrofes y con México fue una batalla ganada de antemano, pese a que perdió en diversas ocasiones gracias a la valentía de las fuerzas contrarias. Siempre lo ha hecho por fuera de sus fronteras y, cuando la han atemorizado con misiles, —en Cuba, por ejemplo—, se ha desesperado hasta el punto de amenazar con una guerra mundial, tal como ocurre con Corea del Norte.

En conclusión, la Casa Blanca puede agredir directamente a Bashar al Assad con drones, misiles o atentados, pues no ha cesado su intento de neutralizarlo (asesinarlo). También puede aumentar la intensidad de su ocupación tomando una zona natural rica y concentrando fuerzas con el fin de establecer nuevos territorios ‘libres e independientes’, como ha sido su macabra táctica. Incluso puede iniciar una campaña ‘diplomática’ para hacer una nueva cruzada por la justicia irracional, tal como proclama el Capitán América, pues para dicha labor ‘humanitaria’ cuenta con herramientas poderosas; entre ellas, un sistema mediático fariseo de inmensa repercusión.

Lo que si es cierto es que no tendrá la valentía de comenzar una guerra declarada dada su debilidad moral y estratégica, sino que empleará a los ‘subsidiarios’ para que hagan lo propio por ellos. Tal vez, dadas las condiciones de inferioridad, insista en los tambores de guerra con Corea del Norte, embarcando en la lucha a Japón y Corea del Sur, lejos de sus costas. Así, dará satisfacción a la ‘corporatocracia’, que ordena continuar los conflictos hasta hacer perecer a toda la humanidad. Se espera que, ante esta política de barbarie, los triunfos contra la violencia takfirí esencialmente y el proceso de Astaná —con el fin de lograr alto al fuego y determinar zonas seguras—, contribuya a debilitar los ánimos confrontativos de bandas y potencias vinculadas a esta ocupación ilegal de Siria.

Es prioritario tomar conciencia de ello.

Carlos Santa María

 

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