Los medios dominantes se enorgullecen de informar de que la segunda ‘revolución’ del esquisto está a punto de empezar en EEUU, apunta el columnista ruso Alexandr Sítnikov.

En su artículo para el medio ruso Svobodnaya Pressa, el autor indica que medios estadounidenses prometen que «los que inviertan en nuevos proyectos —pese a la reciente caída en este mercado—», seguramente obtendrán «ingresos incalculables».

Según el analista financiero Nick Hodge, citado por Sítnikov, un gran número de personas en EEUU lograron hacerse ricos en la cima de la primera ‘revolución’ del esquisto de 2011, aunque aquel ‘fracking boom’ fue una «burbuja» que pronto explotó.

«Ahora, la fracturación hidráulica, conocida como ‘fracking’, está de vuelta. Pero no de la manera que podría pensar, aunque los beneficios que genera serán similares —o incluso mayores— que los de la primera ronda. Por lo tanto, yo lo llamo Fracking 2.0», sostiene Hodge en la página de la comunidad inversora Outsider Club, creada por él mismo.

De acuerdo con los medios, EEUU no solo ha reducido los costos de la producción de petróleo, sino también «ha aprendido cómo extraer hidrocarburos de los yacimientos, en los que, al parecer, ya no quedaba nada», prosigue Sítnikov.

Esta nueva tecnología —Fracking 2.0— fue desarrollada por la petrolera EOG Resources Inc. Sus analistas lograron crear una aplicación de hardware-software bautizada iSteer que permite reducir significativamente los costos de la exploración, la perforación y la producción de petróleo en los yacimientos de esquisto a entre 40 y 50 dólares por barril.

Los ingenieros de la empresa Baker Hughs Inc., por su parte, informaron sobre las técnicas innovadoras de la recuperación de los pozos petrolíferos viejos que suelen utilizarse tan solo entre 9 y 12 meses. Esto le permitió a la compañía aumentar a 46 meses la explotación de la capa de petróleo y producir un 69% adicional en comparación con la tecnología convencional. Asimismo, se pudo lograr que el valor de la recuperación de un pozo no supere 1.800 millones de dólares, o el 25% del precio de un pozo nuevo.

Otras petroleras estadounidenses también informaron haber llegado al mismo resultado, pero de manera diferente. Así, además de iSteer, ya existen otras tecnologías, diseñadas para reducir drásticamente el precio del esquisto. Por ejemplo, se trata de los experimentos con los pozos ultrafinos en las arenas bituminosas que hacen posible conseguir más hidrocarburos por cada dólar gastado, en comparación con los métodos convencionales.

Según Hodge, las empresas estadounidenses disponen ahora de una reserva para reducir el coste medio de la producción de esquisto en un 40% en comparación con el año 2014, o, es decir a 35 dólares por barril.

«No obstante, no es lógico hablar de la segunda ‘revolución’ del gas de esquisto, sino de una evolución que no habría sido posible sin los últimos avances estadounidenses en la ciencia de los materiales, instrumentos y la modelización matemática», apunta Sítnikov.

El Departamento de Energía de EEUU estima que, con la ayuda de las innovaciones, el volumen diario de la producción de petróleo llegará en 2018 a 9,7 millones de dólares de los 9,2 millones. De esta manera, la OPEP, sobre todo Arabia Saudí, se verá obligada a reducir su producción en proporción al crecimiento en EEUU con el fin de mantener los precios actuales.

Sin embargo, al mismo tiempo, estas cifras solo muestran la dinámica de la recuperación del petróleo en EEUU al nivel de 2014, enfatiza el autor. La mayoría de los principales jugadores en el mercado de esquisto ya admitió que la introducción de las nuevas tecnologías no les permitirá avanzar ni sobrevivir. Para que empiece la segunda ‘revolución’ del esquisto, necesitan que el precio por barril se mantenga entre 55 y 60 dólares. Asimismo, atribuyen el éxito de tales empresas como EOG Resources Inc. y Baker Higher Inc. a las «circunstancias específicas».

«En todo caso, ya no queda esperanza de que regresen los altos precios al mercado mundial», concluye Sítnikov.

 

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