La obsesiva patalogía antichavista de la oposición venezolana y su ambición por el poder, contienen una serie de estrategias que están fuera de la constitución y el sentido común de la necesaria coexistencia pacífica, en donde el diálogo y la tolerancia sean el camino para la resolución de los problemas que aquejan a la población.

Para graficar estas acciones políticas de la oposición, que parecen más planificadas desde el odio y la intolerancia que desde la razón, hay muchos ejemplos, pero solo mencionaré una triada que sacaron a la superficie como caminos para lograr “la salida”: trancazos, comités de rescate de la democracia y una consulta nacional.

Los “trancazos”, que consisten en impedir el paso a las personas por calles y avenidas en una pequeñísima parte del territorio nacional, es una actitud inconstitucional que genera problemas a la población y que impide el cumplimiento del artículo 50 de la CRBV.

En segundo lugar, la formación de unos comités de rescate de la democracia, conformados por grupos de 3 a 10 personas, activistas fanatizados en el antichavismo y el anticomunismo, con actitudes neofascistas, para convertirlos en saboteadores de la Asamblea Constituyente. Aquí las interrogantes serían: ¿cuáles son los niveles de reconocimiento y apoyo de estos comités de rescate? ¿Son legales?

Y en tercer lugar, en cuanto al llamado que hace la MUD a una consulta nacional el 16 de julio, en la que quieren hacerle tres preguntas mal intencionadas a la población para legitimar los deseos de desalojar del poder al presidente Nicolás Maduro, las preguntas que saltan a primera vista son: ¿es legal esa consulta? ¿Cumple con los parámetros establecidos en el artículo 71 de la CRBV? ¿Está supervisada por el CNE? ¿Tiene el visto bueno emitido por la Sala Electoral del TSJ?

Mientras tanto, la Asamblea Nacional sigue en desacato… La violencia, el golpismo y la ilegalidad es la triada que contiene la irracionalidad política de la derecha venezolana.