Las principales fuerzas políticas de Perú afrontan hoy divisiones, resquebrajamientos o polémicas en sus filas, que expresan lo que muchos consideran una crisis generalizada.

Al día siguiente de que la división estallara en el Partido Aprista, el principal del país, el progresista Frente Amplio (FA), creado en años recientes, se partió formalmente en dos fracciones, una integrada por miembros del grupo ecologista Tierra y Libertad (TyL) y otra por integrantes del recientemente formado Movimiento Nuevo Perú (MNP).

Paralelamente, las diferencias tienden a agudizarse en el partido Fuerza Popular, entre la dirección oficial, encabezada por Keiko Fujimori, y su discrepante hermano Kenji; ambos hijos del exgobernante Alberto Fujimori, preso por crímenes de lesa humanidad y corrupción.

Además, el conservador Partido Popular Cristiano (PPC) vive una crisis para muchos terminal, por la falta de apoyo popular a sus posiciones, y tiene enfrentadas a su dirigencia y una fracción disidente de figuras importantes de la agrupación.

En el caso del aprismo, fundado en 1924, sufre la que es tal vez la peor crisis de su historia, tras el sonoro fracaso de su neoliberal líder, Alan García, en alianza con el PPC, quien en 2016 resultó quinto en la elección presidencial y apenas obtuvo cinco por ciento de los votos.

Un congreso aprista culminado en el fin de semana último con la elección de una dirección ligada a García, fue escenario de la ruptura de un sector que considera ilegal la nominación y exige una nueva elección.

En el congreso ‘no ha habido pugnas autocríticas, o doctrinarias y programáticas; difícil es, por eso mismo, trazar una línea de frontera política entre las dos bandas rivales’, escribió el veterano periodista César Lévano en el diario Uno.

El FA, por su parte, es un frente de varias fuerzas que compitió en los comicios del año pasado bajo ese nombre, patrimonio registrado por el grupo TyL, del exsacerdote ambientalista Marco Arana, quien perdió en una elección interna la nominación como candidato presidencial, ganada por Verónika Mendoza, del colectivo ciudadano Sembrar.

Mendoza obtuvo un destacado tercer lugar en los comicios, lo que determinó que las fuerzas del FA ajena a TyL planteen dar organicidad al frente abriendo su membresía a todos los grupos del bloque, a lo que se negó TyL, reservándose la propiedad del registro del FA y el manejo de la bancada parlamentaria.

TyL tenía mayoría en la bancada parlamentaria del FA, pero varios de sus miembros emigraron al otro sector por considerar que el resultado electoral y la nueva realidad política exigían abrir el FA y la toma decisiones a los demás grupos y, al no aceptarse su posición, formó el MNP, y cada sector quedó con diez parlamentarios.

El MNP planteó a TyL concertar un estatuto para mantener la bancada del FA, pero TyL no aceptó e insistió en ejercer el manejo del grupo legislativo, lo que precipitó la ruptura anunciada hoy por la parlamentaria Marisa Glave, quien dijo que su sector ‘no perderá un minuto más en peleas’ inútiles y distractivas.

En junio pasado se creó por otra parte el frente Juntos por el Perú, integrado por los partidos Comunista Peruano (PCP) y Comunista-Patria Roja (PC-PR) y Humanista y colectivos sociales como Ciudadanos por el Cambio, que está abierto a un entendimiento con el MNP.

En cuando al fujimorista FP, su vocero parlamentario, Daniel Salaverry, acusó a Kenji Fujimori de desarrollar una estrategia para dividir a la organización y a su bancada legislativa, que tiene mayoría absoluta en el Congreso de la República.

Sostuvo que esa estrategia apunta a convertir a Kenji en candidato presidencial -postulación que ha tenido Keiko en 2011 y 2016, fracasando en ambas ocasiones- y sostuvo que el legislador usa la imagen de su padre preso, ‘manoseando su imagen y su salud’.

Diversos analistas coinciden en que Salaverry y otros legisladores de FP solo pueden atacar en tales términos a Kenji si tienen el visto bueno de Keiko, lo que evidenciaría una seria ruptura.

Aunque hay también quienes piensan que ambos buscan por vías diferentes la impunidad del padre mediante un indulto y lograr un nuevo gobierno fujimorista como el de mano dura que ejerció el padre entre 1990 y 2000.