Un buen termómetro para apreciar si una revelación periodística sobre la intervención rusa en la pasada campaña electoral puede hacer daño a Donald Trump es examinar la cobertura que haga Fox News sobre la noticia. Aún más si la realidad irrumpe en un programa en directo y se lleva por adelante la escaleta, las opiniones de los tertulianos unos minutos antes y el discurso que estaba utilizando el presentador. En el caso de los emails revelados por Don Trump Jr. sobre sus contactos con una abogada rusa relacionada con el Gobierno de su país, el impacto fue espectacular.

Fox News suele tomarse su tiempo para reaccionar en estos casos. A diferencia de CNN, no acude rápido a citar las informaciones de medios como The New York Times y The Washington Post. Horas después, se ocupan de tratar la historia cuando tienen claro qué contar, cómo enfocar el tema y en qué programa y con qué invitados comentar la exclusiva. Es lo que hicieron el miércoles con la noticia del NYT de la reunión del hijo de Trump con la abogada rusa Natalia Veselnitskaya en junio de 2016 en la Trump Tower.

En el programa, el argumento inicial de la presentadora y los dos invitados es que no había nada de lo que preocuparse. La reunión había existido, pero a Trump hijo le quedó claro pronto que esa abogada no tenía nada que contar que fuera interesante sobre la campaña de Hillary Clinton. Eso es lo que había contado Don Jr. y no había razones para dudar de su palabra.

Y de repente el hilo informativo trazado por Fox News saltó por los aires por una bomba colocada por el mismo protagonista de la historia. Don Trump decidió publicar en su Twitter varios emails enviados y recibidos antes de esa reunión (lo hizo porque el periódico iba a sacarlos y decidió adelantarse).

La primera referencia a los emails pilló a los tertulianos con el pie cambiado, pero aun así pensaron que la noticia era buena para Trump al eliminar cualquier posible especulación procedente del NYT. La prensa enemiga de Trump, ya se sabe. La presentadora volvió a interrumpirles. La cosa no pintaba tan bien. Sobre todo, cuando citó esa frase definitiva de Don Jr. cuando supo que esa abogada decía tener información dañina para Clinton: “Si es lo que dices, me encanta”.

Se lo dijo a la persona que estaba haciendo de intermediaria para montar la reunión, que unos días después le dijo que la mujer era una “abogada del Gobierno ruso”. “Esto viene del más alto nivel”, le había contado antes al explicar la propuesta, “y con información sensible, pero viene de Rusia y del apoyo de su Gobierno a Trump”.

Lo que antes entraba en la zona gris sobre la legalidad de ese contacto comenzaba a oscurecerse, y gracias a la información contenida en los emails.

Los contertulios de Fox News ya no estaban tan relajados: “Esto no le hace la vida más fácil a Don Jr. Se la pone más difícil”, dijo uno con una clarividencia conseguida de improviso.

A la frase de “me encanta” le faltan unas pocas palabras. “Si es lo que dices, me encanta, especialmente para más adelante en el verano”. Donald Trump ya tenía amarrada la candidatura republicana y debía prepararse para el duelo final con Clinton. Un elemento fundamental de las campañas electorales en EEUU consiste en hallar información que pueda perjudicar al rival, en el mejor de los casos acabar con sus esperanzas de victoria. Buscar trapos sucios en su pasado es una tarea en la que se utiliza dinero siempre que sea necesario. Se paga a investigadores de la propia campaña o contratados a tal efecto, se moviliza a testigos para que refresquen su memoria o estén dispuestos a comparecer en público.

La legislación electoral prohíbe en EEUU recibir donaciones económicas del extranjero. Si ese origen es un Gobierno extranjero enfrentado a EEUU, cualquier fiscal empezará a manejar la acusación de traición.

Aquí es donde hay que echar el freno (no en Twitter donde aparecen las palabras ‘smoking gun’ en muchos tuits). Si nos atenemos al plano legal, no hay aún ninguna prueba de un intercambio económico entre Don Jr. y esa ya no tan misteriosa abogada. Si la campaña de Trump o alguien de su familia hubiera pagado algo –por ejemplo, los billetes de avión o el hotel en Nueva York–, entonces sería muy diferente. Si no es así, el hijo de Trump siempre podrá sostener cuando declare ante el Congreso o un fiscal del Departamento de Justicia, como va a tener que hacer, que sólo pretendía escuchar lo que alguien le pudiera contar y que pudiera ser útil en su contienda electoral.

Esa información perjudicial para el enemigo cuesta dinero a las campañas, pero el asunto de la prohibida financiación de la campaña sólo debería entrar en juego si ha existido algún tipo de pago en efectivo o en especie.

Políticamente, es otra cosa, aunque los congresistas republicanos más críticos con la Casa Blanca no pasan de decir que todo esto les parece preocupante. Los innumerables desmentidos de Trump y sus asociados sobre la total inexistencia de contactos con representantes del Gobierno ruso tendrían que ser incluidos directamente en el apartado de mentiras. A la reunión con la abogada, asistieron también Jared Kushner –yerno del presidente y uno de sus principales consejeros ahora en la Casa Blanca– y el entonces director de la campaña. No había sido una expedición personal de Don Jr. de la que nadie tuviera información. No sabemos si Trump en persona estaba enterado, pero es lo más probable en una campaña que él controlaba en todos los detalles, como había hecho siempre en su carrera empresarial.

Los presuntos, probables o supuestos pueden dejar de utilizarse. Las dimensiones reales de la colaboración entre Trump y el Gobierno ruso aún se desconocen en sus detalles más incriminatorios desde el punto de vista jurídico. Eso queda para la investigación del Departamento de Justicia de la que está encargado el exdirector del FBI Robert Mueller. El hombre que podría acabar con Trump ya tiene más materia prima sobre su mesa para poner a trabajar al equipo de primer nivel que ha montado.

Por si tenía alguna duda, Trump tiene que saber que esa investigación le acompañará hasta las próximas elecciones. Es un motivo más para que caiga en la tentación de forzar la destitución de Mueller. Eso sí que sería un error, más estúpido que los muchos que cometió su no muy inteligente hijo.