Para poder entrar en la ciudad iraquí de Mosul, recién liberada de los terroristas, uno tiene que hacer largos trámites y pasar por incontables puestos de control fronterizo, y el corresponsal de Sputnik no fue una excepción.

La distancia entre la ciudad de Irbil, a donde habitualmente llegan los periodistas extranjeros, y Mosul es de unos 85 kilómetros, pero para sus habitantes, que huyen de la guerra o que regresan a sus hogares es el camino más largo en su vida.

Puente de la victoria

Un militar que custodia el puente Jisr al Nasr (Puente de la Victoria) nos grita que el puente está cerrado y prohíbe el paso.

El puente une las dos partes de Mosul, la oriental y la occidental, o la «orilla izquierda» y la «orilla derecha» como suelen decir los habitantes locales, y es aquí donde se congregaron centenares de vecinos de Mosul que intentan regresar a sus hogares ubicados en la parte occidental.

También quieren regresar los vecinos de la «vieja ciudad», distrito que fue escenario de los más cruentos combates contra los milicianos de Daesh (organización terrorista prohibida en Rusia y otros países).

«El puente está cerrado para la reparación y muchos periodistas tuvieron que volver atrás», dice el militar.

No obstante, al poco rato nos pide esperar «para ver lo que se puede hacer» y dentro de una hora nos deja pasar.

«Mejor vivir en la guerra que mendigar»

Los habitantes de Mosul que aguardaban la apertura del puente pasaron todo el día frente al puesto de control fronterizo, entre ellos Leyla, de 13 años de edad y vecina del barrio de Al Maydan, liberado de los terroristas hace unos días.

«Es la primera vez que veré nuestra casa después que huimos de allí a mediados del mes de Ramadán (10 de junio), mamá ya vio la casa o, mejor dicho, vio lo que quedaba, las ruinas», dijo la menor.

La madre, que se negó a decir su nombre, comentó que fue una casa de tres pisos destruida al detonar un coche bomba, y dijo que no sabe cómo y dónde vivir ahora.

«Estuve allí hace unos días, vi la casa totalmente destruida y coches reducidos a cenizas… Pero es mejor vivir en la guerra que estar mendigando comida para los niños», opina la vecina de Mosul.

Según relató, había huido junto con la familia cuando el distrito aún estaba bajo el control de los milicianos de Daesh.

«Nos dieron 10 minutos para abandonar la casa y después hicieron detonar los coches bomba… Hombres, mujeres y niños salían corriendo… Perdimos todas nuestras cosas», refirió.

Orilla derecha

Cuando por fin nos permiten pasar a la «orilla derecha» de Mosul, vemos barrios en ruinas: no hay ni una sola construcción íntegra, sin huellas de bombardeo.

A juzgar por todo, no fue fácil para el Ejército expulsar a los terroristas, pero todavía siguen escuchándose explosiones y pueden verse columnas de humo sobre algunas zonas de la ciudad.

Los policías nos aconsejan volver atrás porque la operación de ‘limpieza’ aún no ha terminado.

Olor de la muerte

A la entrada en el barrio de Al Abar, una mujer de unos 40 años da la vuelta a un enorme charco de aguas negras.

«No hay nada para vivir, no hay corriente ni agua, solo quedan casas destruidas y cadáveres de los yihadistas», comentó.

Un hombre entrado en años dice que los cadáveres no retirados representan un peligro.

«No sabemos cómo retirarlos y enterrar sin contagiar alguna enfermedad», señaló.

Khaled Ganem —así se llama el hombre— está parado frente a la casa de su vecino, donde yace el cuerpo de un terrorista abatido durante el asalto de un edificio por la policía iraquí.

«El combate duró varias horas y luego la policía tomó por asalto el edificio», dijo Ganem al agregar que unos días después apareció el olor a cadáver y los vecinos decidieron retirar los cuerpos y darles sepultura.