Aunque Donald Trump planea aumentar la producción y la exportación de hidrocarburos de EEUU para utilizarlo en su confrontación con Rusia, todos los pasos emprendidos por el mandatario estadounidense para este fin no darán frutos, opinan varios expertos, citados por el periódico ruso Védomosti.

Durante una entrevista celebrada el 12 de julio, el presidente estadounidense declaró que, a raíz de la revolución del gas de esquisto, los precios de los hidrocarburos continúan a la baja, lo que conduce a la reducción de la influencia del presidente ruso, Vladímir Putin.

«Queremos exportar fuentes de energías, pero él [Putin] no quiere que hagamos eso», dijo.

Sin embargo, varios expertos destacan que la revolución de esquisto en EEUU apenas podrá afectar las posiciones de Rusia como el mayor proveedor de hidrocarburos de Europa y Asia.

Aunque el incremento del volumen de extracción de petróleo y de gas en EEUU contribuye al aumento de las exportaciones y como consecuencia conlleva a la disminución de los precios, Washington no puede controlar todas las fuerzas del mercado.

Resulta que en el mercado mundial se observa un exceso de oferta de petróleo y de gas por lo que el intento de la Administración Trump de incrementar las exportaciones causa efectos bastante limitados.

«La laxitud de la regulación en la esfera puede ayudar a aumentar la extracción de hidrocarburos, pero la situación en el mercado mundial va a tener más importancia que la política en la determinación de las perspectivas de exploración y exportación», sostiene el director del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, Jason Bordoff, citado por Védomosti.

Gas

El primer terminal para la exportación del gas natural licuado de EEUU (GNL), que fue construido por la empresa Cheniere Energy, empezó a funcionar en 2016. A partir de entonces sus suministros han crecido considerablemente.

No obstante, el volumen que EEUU exporta representa un pequeño porcentaje del mercado mundial. Para los consumidores europeos el GNL se ha convertido en una importante herramienta con la que ellos pueden obtener rebajas en el precio del gas ruso.

De esta manera, el gigante ruso Gazprom redujo el precio del gas para Lituania en un 20% en 2014 antes de que el primer terminal del GNL abriera en este país báltico.

La revolución energética en EEUU obligó a Moscú a empezar a desarrollar sus propios proyectos vinculados con el GNL. Por su parte, Rusia planea construir el gasoducto Nord Stream 2, iniciativa que ha encontrado mucha resistencia en Washington, Varsovia y Kiev.

Debido a la competencia con el GNL de EEUU, Rusia se ha flexibilizado la venta de gas al extranjero, opina un analista de la empresa S&P Global Platts, citado por Védomosti.

La Casa Blanca quiere aprobar la construcción de nuevos terminales en el litoral del golfo de México para la exportación de GNL. No obstante, el problema radica en que el mercado ahora no los necesita.

Anteriormente, Obama aprobó la construcción de al menos 23 terminales, cuatro de los cuales ya han empezado a funcionar. Además, actualmente hay muchos proyectos que solo esperan su aprobación.

«El mundo no es capaz de consumir tanto gas y de manera tan rápida», informa el jefe de la empresa consultora Criterion Research, John Best.

Petróleo

En lo que se refiere al crudo, en diciembre de 2015 el Congreso de EEUU levantó el veto, impuesto hace 40 años, a las exportaciones de petróleo, lo que fue un momento crucial para el arranque de sus ventas al extranjero. Desde aquel año, las exportaciones de crudo de EEUU al extranjero han crecido considerablemente y han superado el millón de barriles diarios en 2017.

Aparte de eso, la Casa Blanca ha emprendido pasos para aliviar la regulación en la esfera de extracción de petróleo. Por su parte, varios expertos destacan que estos pasos no van a ser eficaces a causa de los bajos precios del petróleo.

Por ejemplo, la Administración Trump quiere permitir la extracción de petróleo cerca del litoral de Alaska; sin embargo, mientras que los precios del crudo se mantengan por debajo de los 50 dólares por barril, muchas empresas estadounidenses no empezarán a realizar perforaciones en las extremas condiciones del Ártico, debido a sus altos costos.