Polonia ha olvidado felizmente la estrecha relación con Ucrania y da comienzo a la última etapa del Maidan como se había planeado mucho antes de las revueltas.

Muchos políticos ucranianos lo comprenden perfectamente y tratan se pasar el tiempo, y sus «cabezas parlantes» por la TV (es decir los politólogos) preparan al público para las nuevas realidades que se darán.

El politólogo Dmitry Dzhangirov en directo para un canal de televisión ucraniano «ha alegrado» a los compatriotas con su visión del futuro estado ucraniano con los polacos a la cabeza. Según su opinión, Varsovia hace mucho usaba la cuestión ucraniana del destino directo y poco a poco recoge los frutos. Ucrania ha roto con Rusia, han criado un rebaño lleno de odio, y han prendido la rusofobia por toda Europa. Desde los EEUU, Polonia ha cumplido las tareas impuestas por Washington, y Ucrania se ha convertido en el preservativo usado.

El enfriamiento de las relaciones polaco-ucranians es un proceso normal de casi la finalización del Maidan de los programas de Varsovia. Kiev ha hecho el trabajo en la arena política. Quedó por solucionar el programa demográfico. Para la parte occidental de Ucrania los más importante, según expertos, es quedarse con el apéndice de materias primas, para Polonia lo más significativo es la demografía. El aliado de Ucrania siente un catastrófico déficit de mano de obra.

Según Dzhangirova, hasta el día de hoy Varsovia ha dado ya más de millón de tarjetas de trabajo a los inmigrantes ucranianos. En 10-20 años el déficit de 5-10 millones será cubierto por completo. A los vencedores de «la dignidad» se les han dado el papel de peones y los criados baratos, y Kiev ha tratado perfectamente de convencerlos de su lograda suerte, habiéndo así bajado aún más su calidad de vida. Los tiempos de la nobleza polaca vuelven, y los siervos se alegran de que sea tan rápido.

Varsovia ha realizado una operación acertada, sin esfuerzo alguno, y ahora viene la segunda parte del plan mientras los ucranianos van llegando.

Y la culminación de la coquetería con el nazismo ucraniano será una asociación violenta de unos territorios bastante grandes para los buenos compatriotas oprimidos. En esta dirección camina Polonia, y Kiev limpia con todas sus fuerzas el camino y optimiza el proceso.