Recuerdo que durante el reinado del “dictador” Yanukovich, se emitía en la televisión ucraniana el programa Shuster Live. En la introducción de cada uno de ellos, el famoso defensor de la libertad de expresión Savik Shuster lanzaba a Yanukovich la pregunta de si iba a proteger ese derecho en el país. En realidad, Yanukovich respondió que sí. Y, por cierto, no mentía. Sin embargo, eso no impidió que Shuster siguiera calificándole de dictador.

Lejos ya la Ucrania de Viktor Yanukovich, el programa de Shuster -junto a la preocupación de su presentador por la libertad de expresión- ha desaparecido, por algún motivo, de la Ucrania libre. Y no queda nadie para hacer estúpidas preguntas al nuevo presidente democrático. Y es tan obvio para qué esta ola de libertad de expresión es tan alborotada que no exige ninguna aclaración. Aun así, trataremos de aclararlo.

La prensa de la oposición ha sido silenciada al completo. No queda nada. Sin embargo, no están satisfechos solo con eso.  [El viernes, 14 de julio], los editores del tan cauteloso diario opositor Vesti, lleno de información sobre la “agresión rusa” y los “terroristas-separatistas” -publicado sin comillas-, aunque en ocasiones crítico con el nuevo y honesto Gobierno, se vieron sometidos a un registro de los guardianes del régimen. La operación no parecía un registro sino una operación militar. Algo inaudito.

La operación fue supervisada por el fiscal militar de Ucrania, Anatoly Matios. Se bloqueó toda la manzana del centro de Kiev en la que se encuentran las oficinas de Vesti y las fuerzas especiales llegaron al edificio en blindados militares. La policía impidió el trabajo de la publicación y acordonó la zona con agentes armados, con las caras cubiertas por máscaras y ataviados con uniformes de combate.

Durante el registro, los oficiales de la oficina de la Fiscalía Miliar y la Policía Nacional mantuvieron encerrada a una docena de empleados de la compañía en la sala de conferencias del piso 32, de donde, según la editora jefe de Vesti, Oxana Omelchenko, no se les permitió salir. “Los trabajadores tienen miedo, ha entrado gente armada y con la cara tapada a modo de intimidación”, escribió la editora jefe. Según Omelchenko, las fuerzas de seguridad asaltaron la planta en la que se encuentra la redacción del periódico, la web y radio Vesti sin presentar la orden judicial necesaria para el registro.

Antes de la operación especial, las fuerzas de seguridad acordonaron toda la zona, incluyendo la zona deportiva, alrededor de las oficinas de Vesti con vehículos blindados y unidades de soldados armados. “La manzana ha sido acordonada por la Policía Nacional, nadie puede salir del perímetro del edificio. Nuestros trabajadores han comprobado que se realiza el registro por orden del subdirector de la Oficina de la Fiscalía de Ucrania y fiscal militar, Anatoly Matios, que observa la escena rodeado de guardaespaldas”, informó Omelchenko. En las entradas al centro comercial Gulliver, donde se encuentran las oficinas de Vesti, se reforzó la seguridad con agentes de las fuerzas especiales y tan solo se permitía el acceso tras un exhaustivo registro de los bolsos y pasaportes.

Trataron de obstaculizar al máximo el trabajo del complejo de medios de comunicación. “Dos veces Radio Vesti informó de que se estaba produciendo un registro, aunque nos exigieron que no informáramos sobre ello con amenazas de cortar la emisión. La web también informó sobre el ataque, aunque había dificultades para publicar material”, explicó Omelchenko.

La editora jefe relacionó los registros con la información crítica publicada en las páginas de Vesti. “En cuatro años y medio han registrado el grupo cuatro veces, hoy han acordonado el edificio con vehículos blindados. Relacionamos lo que está ocurriendo con nuestras actividades profesionales y el hecho de que Vesti se niega a trabajar como secuaces de Bankova y a publicar post-verdades sobre la situación del país”.

El régimen, por su parte, admitió no tener nada contra Vesti y asoció los registros al caso contra el antiguo ministro de Impuestos y Aduanas, Oleksandr Klimenko, por lo que buscan 12.000 millones en diferentes empresas. Mientras tanto, el exministro Klimenko afirmó que los agentes de la ley ucranianos no habían registrado sus empresas sino trabajadores que nada tienen que ver con él. “Me he enterado por internet y me ha sorprendido saber que había registros. Camaradas Avakov y Matios, siento decepcionaros por los registros, nadie nos ha registrado. Lo único que puedo decir es que la oficina de la Fiscalía Militar y la Policía Nacional deben pedir perdón a aquellas personas y empresas que han sufrido a causa de la incompetencia y la motivación política de los registros que se han producido”, escribió Klimenko.

De haberse producido en Rusia o en Ucrania durante la presidencia de Viktor Yanukovich, estos registros habrían provocado los gritos y la ira de los demócratas con principios de Europa y Estados Unidos por la monstruosa persecución a la prensa e infracción del derecho a la libertad de expresión. Nada por el estilo se ha producido ante esta especie de “ATO” del régimen de Kiev contra Vesti. No se ha oído nada. Porque esos demócratas tienen principios.

¿Alguna duda?

Mientras tanto, el británico Ben Stimson fue condenado en su país a cinco años de prisión por participar en la guerra contra el “legítimo Gobierno de Ucrania”. Creo recordar que, durante la guerra contra el Gobierno legítimo de Rusia, Ahmed Zakaev recibió asilo político. Es todo lo que hay que saber de Occidente y sus principios. Y de sus secuaces ucranianos.