Los familiares de las víctimas de una de las matanzas por las que está preso el ex presidente Alberto Fujimori rechazaron el proyectado indulto presidencial al recluso, al evocar la masacre de hace 25 años.

Tal repudio fue el principal contenido del tributo a las víctimas, del secuestro, tortura y muerte de nueve alumnos y un profesor de la Universidad de Educación Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, el 18 de julio de 1992.

Los familiares visitaron las tumbas de los asesinados, entre las que faltan las de cinco que siguen desaparecidos. ‘Aún falta que nos devuelvan a cinco para darles cristiana sepultura’, dijo Carmen Oyague, tía de Dora Oyague, una de las víctimas, al rechazar el posible indulto.

El sacerdote católico que ofició una misa por los caídos, Luis Felipe Zegarra, señaló que ‘fueron asesinados vilmente en un acto que no merece ningún perdón’, mientras Carmen, hermana del asesinado Armando Amaro, dijo que el indulto sería una falta de respeto.

Los familiares anunciaron que mañana harán una vigilia ante el Palacio de Justicia, de rechazo al indulto y señalaron que junto a organizaciones de derechos humanos y parientes de otras víctimas pedirán una audiencia al presidente Kuczynski sobre el indulto.

De otro lado, la ministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, presidió ayer un acto de homenaje a las 25 víctimas del atentado explosivo contra el vecindario de la calle Tarata, en el exclusivo distrito de Miraflores, hace también 25 años.

La matanza de La Cantuta fue una represalia por aquel atentado cometido dos días antes. Los militares de un grupo ilegal de exterminio actuaron por la sospecha de que los universitarios eran miembros del grupo armado Sendero Luminoso, lo que fue descartado por el tribunal que condenó a Fujimori.

Pérez Tello llamó a no olvidar lo sucedido para que hechos como el atentado no se vuelvan a repetir y señaló que la violencia no conduce a nada.

El homenaje a las víctimas de Tarata se realizó en el Lugar de la Memoria, centro dedicado a recordar la llamada guerra interna iniciada en 1980, que el jefe senderista Abimael Guzmán ordenó a sus huestes cesar tras su captura en septiembre de 1992.

Guzmán, condenado a cadena perpetua, es actualmente juzgado también como presunto autor mediato del atentado de Tarata. El anciano ex jefe alzado niega que haya ordenado lo que llama ‘un monstruoso error’.

Fuente