Hace exactamente un año, en la noche del 15 de julio de 2016, el Estado Mayor General de Turquía declaró haber tomado el control del país y anunció la destitución de sus gobernantes. Las autoridades otomanas calificaron la acción como una intentona golpista. ¿Existe el peligro de un nuevo golpe? 

Cientos de miles de personas salieron a las calles de Ankara y Estambul este 15 de julio para rendir homenaje a las víctimas que causó el motín. En total, 240 personas murieron y más de 2.200 resultaron heridas como resultado de los violentos enfrentamientos que se vivieron en aquellas horas de confusión.

Pero, ¿cómo influyó este acontecimiento dramático en la situación actual que se vive en Turquía?

Según opinan varios expertos, el intento fallido de golpe de Estado no hizo más que fortalecer las posiciones del presidente actual del país otomano, Recep Tayyip Erdogan, quien aprovechó la situación para aumentar su autoridad.

«Erdogan tiene un gran apoyo, particularmente, de la sociedad. Y podrá contar con esta confianza durante mucho tiempo», declaró a la cadena RT el director del Centro de Estudios de Oriente Próximo de San Petersburgo, Gumer Isáev.

El 16 de abril de 2017, el presidente turco organizó un referéndum para impulsar una reforma constitucional que transformó el Gobierno parlamentario en una república presidencialista, algo que también reforzó su poder. A pesar de la estrechez del resultado, un 51% de los votantes apoyó la reforma propuesta por Erdogan.

«Al derrotar a sus oponentes, Erdogan reforzó sus posiciones y ganó el referéndum constitucional en unas condiciones de emergencia», explicó a RT el politólogo Evguéni Bajrevski.

Agregó que la transición hacia la república presidencial es algo «natural» debido a la inestabilidad que se vive en la región.

Ankara acusó al teólogo musulmán Fethullá Gulen de haber orquestado el golpe. En total, más de 50.000 militares, policías, jueces, funcionarios y profesores turcos fueron arrestados por sus presuntos vínculos con el movimiento gulenista Hizmet —Servicio, en turco— que las autoridades del país califican como la «organización terrorista de Fethullah» (FETO). En cuanto al propio Gulen, la justicia turca lo sentenció a 2.000 años de prisión y dos cadenas perpetuas, sentencia que no ha podido ser aplicada, ya que EEUU se negó a entregar a Gulen —que reside actualmente en el país norteamericano— a las autoridades turcas.

La intentona golpista en Turquía también influyó en las relaciones de Ankara con los países occidentales. Especialmente polémico fue el hecho de que los aviones golpistas que bombardearon el Parlamento de la capital turca habían despegado de la base militar de la OTAN en Incirlik, donde también se encontraban efectivos estadounidenses. Además, algunos medios turcos acusaron a Washington de haber organizado el golpe. Por ejemplo, el periódico Yeni Safak informó de que John F. Campbell, el comandante de las fuerzas de la OTAN en Afganistán, estuvo implicado. Por su parte, el medio Aksam sugirió que los golpistas coordinaron sus acciones con la CIA.

Como resultado, las unidades alemanas tuvieron que abandonar la base aérea de Incirlik, mientras que EEUU planea trasladar esta base a la isla griega de Creta.

«Ankara acusó a EEUU de organizar el golpe, tras lo cual creció el grado de antiamericanismo entre la sociedad turca.Cada vez más y más intelectuales turcos, que son los encargados de modelar el discurso político del país, abogan por una política más independiente, en particular, por la salida de Turquía de la OTAN», subrayó el politólogo Alexandr Sotnichenko.

Al mismo tiempo, las relaciones bilaterales entre Ankara y Moscú también sufrieron ciertos cambios, puesto que Rusia —a diferencia de las potencias occidentales— no criticó la represión posterior de Ankara hacia los golpistas. «Erdogan es mejor opción para Rusia que una junta de generales vinculados al Pentágono», explicó Bajrevski a RT. Como resultado de la visita del mandatario turco a San Petersburgo el 16 de agosto de 2016 —que supuso su primera visita al extranjero tras la intentona golpista— y las posteriores negociaciones, Rusia y Turquía lograron reforzar la cooperación en el ámbito de la seguridad, algo que también influyó en el proceso de solución del conflicto en Siria. Por otra parte, el Ejército turco tuvo la oportunidad de iniciar una operación antiterrorista denominada Escudo del Éufrates, que en realidad tenía como objetivo proteger su frontera sur de los combatientes kurdos. Sin embargo, los arrestos a gran escala en las filas de las Fuerzas Armadas de Turquía condujeron al debilitamiento del ejército otomano.

«Tras la represión del golpe, el Ejército de Turquía se vio obligado a participar en los combates en Siria sin el 50% de sus generales», indicó Bajrevski.

¿Nueva intentona golpista a la vista? 

En total, en los últimos 60 años, las Fuerzas Armadas de Turquía llevaron a cabo tres golpes de Estado —en 1960, 1971 y 1980—. Además, en 1997, en el país otomano tuvo lugar el llamado ‘golpe de Estado posmoderno’, cuando el Consejo de Seguridad del país destituyó al Gobierno islámico de Najmedin Erbakan.

Pero, ¿es posible que se produzca una nueva intentona golpista en Turquía? Según indicó el primer ministro del país, Binali Yildirim, no existe el riesgo de un nuevo motín, pero la lucha contra la organización de Gulen continuará.

«Tal situación [la de una nueva asonada] está excluida, pero si alguien se atreve a repetir tamaña locura, pagará un precio aún más alto [que el de ahora]», advirtió.

A su vez, Alexandr Sotnichenko subrayó que es imposible que se produzca un nuevo golpe, ya que Ankara «ya expulsó del Ejército a todos los desleales». No obstante, el excontralmirante de la Armada de Turquía, Soner Polat, advirtió que algunos oponentes de Erdogan pueden llevar a cabo un golpe contra las figuras políticas clave del país. Por su parte, Iván Konoválov, director del Centro ruso para la Política Actual, subrayó que es muy probable que el próximo golpe de Estado en Turquía sea organizado por los servicios de Inteligencia, y no por los militares.

«Erdogan está seguro de que los servicios especiales están a su lado, sin embargo, la mayoría de los oficiales mantienen vínculos con EEUU, y es obvio que fueron los estadounidenses quienes organizaron el golpe de 2016», concluyó el experto ruso.