«La calma antes de la tormenta», así describe la situación en la frontera con Siria, o con más precisión la parte que todavía está bajo el control de los yihadistas de Daesh, organización prohibida en Rusia, el miliciano iraquí Ali, que gasta horas mirando a lo lejos a través de la mira telescópica del sistema antitanque Kornet.

La corresponsal de Sputnik en árabe, Sara Nureddin, visitó Tel Safuk, donde preparó este material.

Varias horas después, fue atacada durante el rodaje del proceso de desminado en el distrito residencial de Mosul de Al Maydan, cerca de la mezquita principal de Al Nuri. La corresponsal salió ilesa pero un militar iraquí que la acompañaba sufrió cinco heridas.

Vecino al terror 

Esta zona iraquí se llama el iraquí Tel Safuk. Al otro lado de la frontera están decenas de pueblos sirios bajo control de los extremistas. De aquí Daesh envía refuerzos a la ciudad siria de Deiz Ezzor, donde los yihadistas están bajo fuerte presión de las unidades gubernamentales y las Fuerzas Democráticas Sirias, milicias kurdas apoyadas por EEUU.

Llegamos aquí a través de las vastas extensiones del desierto iraquí, que sigue siendo peligroso a pesar de la expulsión de la mayor parte de los radicales, por lo tanto nadie se sorprendió de haber oído el estruendo de explosiones y los ecos de disparos.

El desvío 

Un error del conductor y nos perdimos en la zona peligrosa entre las localidades de Al Baaj y Kairuan, donde, supuestamente, quedan las llamadas «células durmientes». Las inscripciones en las paredes no dejan ninguna duda en que este lugar hasta hace poco fue dominado por extremistas.

La milicia popular de Irak, que sigue purgando la carretera hacia la frontera siria, logró  según los colegas periodistas eliminar últimamente a tres altos cargos de Daesh.

En el camino vemos otra vez que Daesh usó la estrategia de la «tierra quemada» al retirarse de Irak: quemados todos los campos de trigo y destruidas todas las casas, incluso en las que vivían ellos mismos tras expulsar a los civiles iraquíes.

La resistencia 

Por fin llegamos a la sede de la Brigada Al Tafuf de la milicia popular para entrevistar al comandante adjunto de la región fronteriza de Irak, Seyyid Ahmed Nasrullah.

Nuestro interlocutor, que acababa de regresar de la frontera, donde hubo otro ataque de los yihadistas, dijo que las milicias, respondiendo a la llamada del líder espiritual de los chiíes iraquíes ayatolá Ali al Sistani, llegaron a liberar la frontera iraquí de los terroristas.

«En esta área la longitud de la frontera con Siria es de 68 kilómetros, aquí están desplegadas seis brigadas», dijo.

Explicó que en el área de responsabilidad de su brigada viven unas 300 familias iraquíes, todas habían sufrido ocupación de los terroristas.

«Las milicias les proporciona atención médica a través de hospitales móviles, les suministra agua potable, alimentos, combustible y generadores de energía», señaló el subcomandante.

La vida fronteriza 

En la frontera no hay calma, «los intentos de violar la frontera y destruir las instalaciones defensivas ocurren cada día».

«Los terroristas de Daesh tratan de evacuar a sus cabecillas y a los radicales con sus familias, atrapados en el liberado Mosul», indicó el comandante adjunto.

Algunos yihadistas afeitaron la barba y tratan de salir del territorio iraquí con los refugiados, haciéndose pasar por civiles, dijo el interlocutor de la agencia.

La guerra está cerca 

Muchos de los civiles que regresan a sus hogares corren el riesgo de detonar una las numerosas minas dejadas por los terroristas, la mayoría de las cuales no se pueden desminar, según él.

Los civiles locales no pueden volver a la vida civil normal ya que la guerra está muy cerca: las constantes explosiones muy cercanas de los proyectiles, los cascos de material bélico destruido, las casas abatidas, así como armas y municiones abandonadas por los extremistas recuerdan sobre de la guerra.

Aún están frescos en la memoria los años pasados bajo el poder absoluto de los radicales, que plantaban con fuerza su visión de la vida en el ‘califato’.

Además de eso, les separa de los horrores de Daesh en la vecina Siria solo una franja estrecha de frontera vigilada no por soldados profesionales sino por las milicias populares que llegaron de otras regiones.

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