El 51 por ciento de los pakistaníes quiere la renuncia del primer ministro, Nawaz Sharif, envuelto en un presunto escándalo de corrupción junto a tres de sus hijos, reveló hoy una encuesta.

Sin embargo, el 49 por ciento respaldó los planes de Sharif de impugnar un informe en su contra redactado por el Equipo de Investigación Conjunta (JIT), encargado de analizar el caso, destacó un sondeo de la firma Gallup.

En otra pregunta, el 59 por ciento se mostró favorable a aceptar como jefe de gobierno al actual ministro principal de la provincia de Punjab, Shehbaz Sharif, hermano menor del acusado.

En tanto un 41 por ciento criticó ese eventual nombramiento, como especula la prensa nacional, aunque Nawaz Sharif afirmó en repetidas ocasiones que no renunciará.

El objetivo de la oposición es eliminarme políticamente. No lograron hacerlo a través del voto popular y ahora buscan otra forma, expresó días atrás.

Desde la publicación este mes del documento del JIT, la oposición incrementó la presión para lograr la salida del poder del gobernante.

Este martes el parlamento de la sureña provincia de Sindh aprobó una moción en ese sentido, mientras dirigentes de de los partidos Pakistan Tehreek-e-Insaf, Movimiento Muttahida Qaumi, Popular, Jamaat-e-Islami y la Liga Musulmana Awami avalaron el texto y reclamaron su dimisión.

El viernes el Tribunal Supremo de Justicia concluyó sus audiencias sobre el Panamagate, como se le conoce aquí al escándalo develado por la publicación de informes confidenciales de la firma istmeña Mossack Fonseca.

Un panel de la institución integrado por los jueces Ejaz Afzal, Ijazul Ahsan Sheikh y Azmat Saeed debatió una semana el informe elaborado por la comisión.

Según el documento de 256 páginas del JIT, el jefe de gobierno y sus hijos Maryam, Hussein y Hassan no lograron justificar activos.

El documento alertó que ‘existen disparidades significativas entre las fuentes de ingresos conocidas y las declaradas y la riqueza acumulada’.

Aunque la familia Sharif reconoció que tenía cuentas en Islas Vírgenes Británicas afirmó que no violan las leyes pakistaníes y que fueron abiertas antes de que alguno de sus miembros entrara en política.