Desde que asumió el cargo de presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, dio señales de encaminarse hacia la búsqueda de una solución de consenso a la controvertida y sensible cuestión de Kosovo, tan parecida a un callejón sin salida.

El 31 de mayo, en el juramento ante la Asamblea Nacional (parlamento) prometió dedicar todos sus esfuerzos ‘a preservar la soberanía y la integridad territorial de la República de Serbia, incluido Kosovo y Metohija como parte integral, así como la realización de los derechos humanos y de las minorías y las libertades..’.

Enseguida, al exponer más en detalles sus propósitos como jefe de Estado, expresó su deseo de abrir ‘un diálogo interno sobre la cuestión de Kosovo y Metohija, con todas nuestras diferencias, sin prejuicios y respetando la Constitución…’.

‘Tenemos que estar abiertos, para liberarnos del enfoque mítico, sin descuidar aquello a lo que tenemos todo el derecho. Nuestro diálogo interno sobre este tema, puede ser más importante que aquel que debemos conducir con los albanokosovares’, opinó entonces.

Hoy, en un artículo de su autoría para el diario Blic, abordó con más profundidad el tema como muestra de su vital importancia para el propósito de la administración de conducir al país a pasos más acelerados hacia la integración a la Unión Europea, para lo cual las desavenencias con Pristina resultan un evidente obstáculo.

Vucic llamó a sus conciudadanos a no actuar como el avestruz que esconde la cabeza en la arena y a intentar ser realistas, a no permitirse perder ni entregar a alguien lo que tienen, pero a no esperar a que se les ponga en las manos lo que hace mucho tiempo perdieron.

Opinó que desde la creación de la llamada Liga de Prizren en 1878, los serbios no quisieron ser suficientemente responsables para entender loa fuerza y los deseos de los albaneses, quienes, por su parte, asumieron esa incomprensión como un signo de subestimación.

Reconoció que los albanokosovares, en la implementación de su ideal nacional, tienen un importante apoyo de la mayoría de los países occidentales y añadió que aunque Serbia no es hoy la debilucha de 1999, 2004 y 2008, no debería comportarse altiva y arrogante como lo hizo a menudo en el pasado.

El mandatario fustigó a los enemigos de ese diálogo nacional y los acusó de intentar sacar provecho político de cada pérdida, de alegrarse de las desgracias, y añadió que la solución de este problema no descansa, de un lado, en los mitos y los enfrentamientos, y del otro, en la negación de los intereses nacionales y estatales.

Abogó por poner fin a la idea de que cada acuerdo sobre algún tema es una derrota para el país y consideró llegada la hora y las condiciones en que, con el esfuerzo de todos, Serbia trabaje, piense y logre, salga vencedora sin conflagración.

De dar ese paso, dijo Vucic, todos los caminos de cooperación política y avance económico estaría abiertos para Serbia, así como las puertas de la UE, mientras que en el caso contrario se mantendría un conflicto cuyo sentido no se comprende.

De esa manera el mandatario dibujó el futuro del país, con lo cual abrió las compuertas a un diálogo que será difícil, probablemente extenso y de confrontación como lo es el panorama interno del país, caracterizado por la profusión de partidos y la descalificación política.

Desatar ese nudo gordiano que se llama Kosovo, cuya independencia unilateral fue reconocida por más de 100 países, es la tarea de orden para el mandatario, quien convocó a no dejar esa pesada carga a sus hijos.

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