Mientras Europa parece preparar hoy medidas contra las acciones extraterritoriales estadounidenses, para quienes negocien con Rusia, Alemania busca volver al ruedo de las sanciones contra Rusia por el caso de Siemens.

La Unión Europea (UE) parece mostrar con más fuerza sus contradicciones cuando busca hacer causa común contra las sanciones que prepara el Congreso norteamericano contra Moscú, mientras alista sanciones contra este país por el caso de las turbinas de Siemens.

El consorcio germano, que llegó a Rusia desde 1851 con postes telefónicos para la vía ferroviaria San Petersburgo-Moscú, asegura que cuatro turbinas destinadas en verano de 2016 a la termoeléctrica de Taman, en la comarca de Krasnodar, fueron enviadas por mar a Crimea.

De la península de Taman parte el puente de Kerch, que construye Rusia para unir a esa región con Crimea y con ello asegurar el acceso a esa zona por carretera.

Sin embargo, la dirección de la compañía Tejnopromoexport asegura que las turbinas fueron compradas en mercados secundarios y luego modernizadas por especialistas rusos.

La producción de las turbinas de gas destinadas a las termoeléctricas de Simferopol y Sevastopol es rusa, con el empleo de algunos elementos foráneos, reconoció el ministro de Comercio e Industria, Denis Manturov.

A su vez, el titular ruso de Energía, Alexander Novak, consideró que en los últimos tres años se alcanzaron logros importantes en el programa de sustitución de importaciones y estimó posible fabricar esas turbinas en Rusia o acudir a suministros de otras compañías.

Siemens insiste en acusar a Tejnopromexport ante un tribunal de Moscú por supuesta violación de las sanciones estipuladas contra Crimea que, como las aplicadas a Rusia, fueron impuestas de manera unilateral por la UE y Estados Unidos.

Las restricciones fueron aplicadas contra Moscú, después de que el Kremlin rechazó el golpe de Estado en Kiev, en febrero de 2014, apoyó la soberanía de Crimea y su regrese a la jurisdicción rusa, así como la causa de la población sublevada en el suroeste de Ucrania.

La prensa alemana especula que Berlín podría buscar un consenso europeo para castigar a Rusia por la supuesta violación del régimen de sanciones, que constituye una acción unilateral de la UE y Washington.

Sin embargo, la política de restricciones del bloque comunitario contra Rusia parece tener ahora un efecto bumerán, pues el Congreso norteamericano analiza un nuevo paquete de sanciones con medidas extraterritoriales que atañen directamente a los intereses europeos.

Las medidas, que de forma general contarían con el apoyo de la Casa Blanca de ser aprobadas, prevén castigos para empresas estadounidenses o foráneas involucradas en proyectos de inversiones en la esfera energética rusa y obstáculos para el trabajo de la banca de este país.

De hecho, uno de los acápites se refiere expresamente al proyecto de gasoducto Torrente Norte-2 que sería el segundo en unir de forma directa estaciones de bombeo de gas en territorio ruso con concentradoras en suelo germano, tras atravesar el mar Báltico.

Varias empresas europeas acordaron con Gazprom un esquema de participación en la citada obra mediante créditos, para luego tomar parte en la explotación futura del gasoducto.

De acuerdo con medios de prensa como el Financial Times, citado aquí, la UE podría exigir a Washington comprometerse de forma pública y por escrito de que de ninguna forma afectará los intereses europeos.

Otra medida sería declarar sin efecto las nuevas sanciones norteamericanas en el bloque.

Además, se maneja la posibilidad de que la entidad comunitaria suspenda la entrega de créditos a compañías estadounidenses y otras contramedidas que podrían llevar a los europeos a analizar el sentido de mantener su política de sanciones contra Moscú, comentan expertos.

La propuesta estadounidense, basada en el argumento de la supuesta injerencia rusa en los asuntos internos del país norteño, es vista como un instrumento de juego sucio en el mercado energético, insisten los entendidos.

Washington habla abiertamente de sustituir el gas natural suministrado por Rusia por el gas esquisto extraído en Estados Unidos y trasladado de forma licuada al viejo continente, a un precio mayor. En medio de las contradicciones descritas, Rusia mantiene el mismo curso de desarrollar la infraestructura de Crimea, sometida a un bloqueo energético por Kiev, y de aumentar la sustitución de importaciones para una mayor independencia económica.