Estados Unidos impone un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, con especial afectación para su sector energético, basado en tres argumentos, vistos por expertos aquí como totalmente inconsistentes e injustificables.

La propuesta, aprobada en la Cámara de Representantes, con solo tres votos en contra, y en el Senado, con apenas dos oposiciones, sitúa en su texto a Rusia, por primera vez desde el inicio de esa política de restricciones en 2014, como enemigo del país norteño. Además, presenta a Rusia junto a Irán y la República Popular Democrática de Corea, consideradas por Washington como naciones parias y contra las cuales lleva a cabo una política virulenta, sobre todo, después de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

En el texto de las restricciones norteamericanas, se acusa a Rusia de desestabilizar a Ucrania, causar el terror entre la población civil en Siria y de interferir en los asuntos internos de Estados Unidos.

Recientemente, el ministerio del Interior ucraniano debió reconocer que carece de pruebas concretas para demostrar la participación de fuerzas regulares rusas en el conflicto en la región hullera del Donbass, con saldo de más de 10 mil muertos, en su mayoría civiles.

En Siria, las únicas fuerzas militares que actúan con completa legalidad son las rusas, presentes allí desde finales de 2015, a pedido de Damasco para apoyar la lucha contra formaciones armadas, financiadas y pertrechadas desde el extranjero. Más de dos mil localidades sirias se unieron al cese de hostilidades, con la mediación del Centro Ruso de Reconciliación, mientras se crean al menos cuatro zonas de distensión, donde se suspenden los combates y se garantiza el acceso de ayuda humanitaria. Por otro lado, ninguna prueba concreta fue presentada aún sobre la supuesta injerencia de Moscú en los asuntos internos estadounidenses o en sus comicios presidenciales de noviembre pasado.

Un alto dirigente del Partido Demócrata reconoció esta semana que era necesario dejar de buscar la culpa de Rusia en la derrota de Hillary Clinton en los comicios y aconsejó hurgar en los propios errores del partido. Pese a todos esos factores, Estados Unidos impone el paquete de sanciones que da prerrogativa a Trump para castigar a cualquier persona involucrada en planes de inversiones en la esfera energética rusa, tanto de exploración como de extracción o entrega de tecnología. Además, las medidas se refieren específicamente al proyecto de gasoducto Torrente Norte-2, que llevaría gas natural ruso, a través del mar Báltico y sin intermediarios, directamente a Alemania.

En el gasoducto participan, junto a la rusa Gazpprom, las compañías austriaca OMV, la francesa Engie, las alemanas Wintershall y Uniper, así como la indo-británica Shell. La propuesta de ley, que debe firmar el mandatario norteamericano, señala en su texto que las limitaciones para las inversiones en ese proyecto buscan evitar una supuesta desestabilización de las reformas en el sistema energético ucraniano. Cerca del 80 por ciento del gas ruso que va a Europa pasa por el sistema de gasoductos de Ucrania, por lo cual Moscú paga una suma considerable. El Torrente Norte-2 busca diversificar las vías de entrega de ese combustible a Europa.

El politólogo alemán Alexander Pap considera que, tanto los estadounidenses como los europeos, intentan torpedear el Torrente Norte-2 para mantener a flote el gobierno ucraniano, que llegó al poder, luego de un golpe de estado en Kiev, en febrero de 2014. Si Kiev deja de obtener el dinero de Rusia por el uso de su sistema de gasoducto, su presupuesto colapsará definitivamente, después que en los últimos tres años se cerraron mil 200 empresas, incluida la compañía de fabricación de aviones Antonov, comentó Pap. Pero en ese caso, Europa deberá pagar millones de euros en subsidios para mantener al gobierno del presidente Piotro Poroshenko.

Sin embargo, con la adopción del nuevo paquete de medidas, Estados Unidos declara abiertamente la guerra fría a Moscú, considera el politólogo ruso Konstantin Eggert. De acuerdo con la empresa consultora IHS Markit, Rusia posee ahora 90 ductos, incluidos los que van a 13 países, de ellos cinco pertenecientes a la Unión Europea.

El presidente Vladimir Putin se unió ayer a las críticas de quienes en Europa estiman que Washington intenta obtener ventajas comerciales con la aplicación de medidas punitivas que afectan a sus propios aliados.

De cualquier forma, la muy posible aplicación del nueve paquete de sanciones norteamericanas contra Rusia demandará de ella una respuesta que puede incluir, al menos, la expulsión de diplomáticos de Estados Unidos y bloqueo de las propiedades de su embajada en esta urbe.