Celebrada por la oposición y criticada por los sectores gubernamentales, la inhabilitación del ahora exprimer ministro Nawaz Sharif genera hoy incertidumbre en Pakistán por el silencio del Ejército, factor clave en la política nacional.

Hasta el momento las fuerzas armadas evitaron pronunciarse sobre la salida del poder de Sharif, tras una sentencia emitida este viernes en su contra por parte del Tribunal Supremo de Justicia.

Aunque nadie menciona el tema, al menos públicamente, todas las miradas están puestas en el estamento castrense, que en numerosas ocasiones tomó el control de la nación desde su independencia en 1947.

La descalificación del exjefe de gobierno no representa una amenaza para nuestro parlamento o la democracia, estimó el copresidente del opositor Partido Popular, Bilawal Bhutto, en un intento por minimizar cualquier debate sobre el tema.

En similar sentido se pronunció el líder de la formación Pakistan Tehreek-e-Insaf, Imran Khan.

También la prensa india sigue de cerca el proceso político en la vecina nación por sus posibles implicaciones en el añejo diferendo bilateral por la región de Cachemira.

Este sábado la gubernamental Liga Musulmana de Pakistán-N (PML-N) escogió como próximo primer ministro a Shahbaz Sharif, hermano menor de Nawaz.

Ambos encabezaron una reunión del comité parlamentario de la PML-N para decidir el nombre del nuevo jefe de gobierno, dada la amplia mayoría que tiene esa formación en el hemiciclo.

Las televisoras Samaa TV y Geo News informaron que en el conclave se acordó elegir al extitular de Petróleo Shahid Khaqan Abbasi como primer ministro interino hasta que Shahbaz Sharif, de 65 años, sea ratificado en el legislativo.

Este último ahora deberá renunciar a su puesto como jefe del Ejecutivo de la nororiental provincia de Punjab, donde viven más de la mitad de los 200 millones de pakistaníes.

El viernes Nawaz abandonó la oficina poco después de su inhabilitación por parte del Tribunal Supremo debido a un caso de corrupción, que también involucra a miembros de su familia.

Esta es la tercera ocasión que el dignatario no logra concluir su mandato. En 1993 fue obligado a dimitir en medio de fuertes tensiones con el Ejército y seis años después sufrió un golpe de Estado, dirigido por el general Pervez Musharraf.