La imparable degradación tercermundista del empleo en España

Fecha de publicación: 02 08 2017, 09:10


La EPA del segundo trimestre mostró un incremento del empleo de 375.000 personas. Gobierno y mayoría de medios han echado las campanas al vuelo, engañando una vez más a los españoles sobre su significado real, que consolida una tendencia imparable de empobrecimiento y desigualdad en la que ya somos maillot amarillo de Europa. 

El número total de horas trabajadas en la economía, cifra también publicada por el INE pero que casi nadie se ha tomado la molestia de comprobar, no hace más que bajar, lo que significa que solo se están repartiendo gracias a la reforma laboral unas horas de trabajo cada vez menores entre más personas con sueldos y condiciones laborales auténticamente miserables, a lo que se añade algo más grave si cabe: la tasa de paro juvenil subió nada menos que ¡seis puntos!, el 47,6%, respecto al primer trimestre del año.

«El número de parados baja de los cuatro millones por primera vez desde el cuarto trimestre de 2008″, afirman triunfales la mayoría de los grandes medios, es decir, tratan los empleos de 2008 y de 2017 como si fueran iguales, cuando la diferencia entre ambos es abismal. Los empleos de 2008 eran empleos más o menos dignos.

En cambio, hoy estamos hablando de empleos de 850 euros brutos de media, y si vamos más atrás en el tiempo, a mediados de los setenta, el sueldo de una sola persona era más que suficiente para vivir, para comprar una vivienda y para educar a los hijos, hoy es imprescindible el sueldo de dos personas, y con los nuevos empleos que se están creando ya ni siquiera eso, 1.700 euros brutos al mes no dan para ello.

Estamos hablando de una degradación estructural imparable del mercado laboral como jamás se había conocido en más de 100 años. Echar las campanas al vuelo por ello es de una irresponsabilidad y de una miseria moral difícilmente superables.

Unas desigualdades sangrantes 

Mientras que para la media de la OCDE entre 2007 y 2014 la desigualdad ha permanecido prácticamente sin cambios, España es el país donde más ha crecido, ¡se ha doblado en 12 años!, y es que los salarios basura —el 70% de los trabajadores jóvenes percibe menos de 1.000 euros mensuales— son los que prevalecen, y la situación la han empeorado aún más desde 2014.

La Comisión, en su informe ‘España 2017’, alerta de los altos niveles de desigualdad, pobreza y exclusión social, «conseguir un empleo en España ya no garantiza el salir de la pobreza», y las cifras que da son escalofriantes: el 28% de los españoles está en riesgo de pobreza o exclusión social, y el 34,4% de los niños, algo realmente tercermundista. Uno de cada cuatro contratos que se firman tiene una duración de menos de siete días, y en esta última EPA el 70% de los empleos creados ha sido de carácter temporal.

Por el contrario, entre 2007 y 2016, medido por el importe medio de la base imponible del IRPF, las personas más ricas con ingresos declarados superiores a 600.000 euros ganan hoy en euros constantes, para eliminar el efecto de la subida de precios, un 41% más, pero como además hay un 30% menos de perceptores de más de 600.000 euros, los 7.300 que quedan -los megabeneficiarios de la crisis- no es que ganen un 41% más, es que ganan un ¡105% más!, mientras que el resto de contribuyentes -la clase media y la clase trabajadora- ha visto reducida su base imponible en un 13%.

Si ahora hacemos la misma comparación entre grandes empresas y pymes, en este caso sobre la base de ingresos tributarios y siempre en euros constantes, mientras que las primeras han ingresado un 18,7% menos, la contribución a los ingresos tributarios de las pymes se ha desplomado un 146%, y habida cuenta que estas representan el 90% del tejido empresarial español, ello da una idea cuantitativa del brutal nivel de destrucción del tejido empresarial, lo que nos ha convertido en un país de enchufados públicosespeculadores y ‘camareros‘.

Y cada vez peor, a junio de 2017, el coste salarial por trabajador ha caído un -0,2%: como el IPC ha subido un 1,5%, la pérdida de poder adquisitivo ha sido del 1,7%, la más alta de Europa.

Por otro lado, el empleo público que sigue creciendo, de entre quienes solo 700.000, en palabras del ministro Montoro, «han conseguido sus plazas a través de oposiciones limpias y transparentes», supera de nuevo los tres millones, con salarios medios a finales de 2016 de 29.456 euros, un 37% superiores a los del sector privado, lo que no sucede en ningún otro país desarrollado, y ahora Rajoy va a incrementar la cifra en 250.000 puestos, a los que no pueden acceder -excepto Cuerpos de Seguridad- más que los parientes, amigos y correligionarios de UGT y CCOO,​ estando vedados para el resto de los españoles.

Y toda esta degradación sin precedentes, todo este sufrimiento de la mayoría de la población, ha sido en vano.

Desde 2007, hemos aplicado la política económica más desastrosa de Occidente: falsificación sin límite de la realidad, ajustes indiscriminados llamados ‘reformas’, política de reducción de rentas, endeudamiento vertiginoso, descontrol total del gasto, particularmente el autonómico, con injusticias que claman al cielo, como el régimen foral del País Vasco y Navarra, o el sistema financiero, que después de haber invertido en él cientos de miles de millones de euros en dinero público sigue pendiente de un hilo, todo lo cual nos expone gravemente a «los futuros ‘shocks’ de los mercados».

Y es que España se ha convertido desde 2007 en el imperio de la ocultación y de la mentira. Empecemos por lo más grave, la deuda pública, que ha crecido en 1,03 billones desde ese año y en 588.000 millones desde 2012. Gobierno, Banco de España, AIReF, etc. engañan a los españoles contándoles que la relación deuda/PIB es del 100% del PIB, porque solo contabilizan la deuda según protocolo de déficit excesivo, una convención contable de Bruselas aplicable a aquellos países con un déficit público de más del 3% del PIB, pero que no recoge toda la deuda, que a finales de marzo 2017 ascendía a 1,55 billones de euros o el 137,5% del PIB.

Y todo ello utilizando las cifras de PIB oficial, porque si lo comparamos con el real estaríamos hablando del 167,2%, deuda que por otra parte no para de crecer, una burbuja de deuda completamente fuera de control, cuyo estallido en cuanto empiecen a subir los tipos de interés y desaparezca el QE (expansión cuantitativa), es decir, los 70.000 millones de euros que el BCE dedica cada mes a la compra de deuda pública y privada, hará que el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2007 parezca una broma.

Pero también el sistema financiero se ha endeudado con el eurosistema en 173.000 millones de euros con un crecimiento del 36,3% en los últimos 12 meses, o el programa de compra de activos adquiridos por el BCE, que suma ya 265.000 millones de euros, ¡un 65% más que hace un año! La burbuja de deuda, con la que los bancos sostienen al Ibex 35 y la estructura política, es hoy el gran talón de Aquiles, como antes lo fue el ladrillo.

En resumen, mientras que el Gobierno nos pinta un paisaje tan idílico como falso, la situación estructural de la economía española se resume así:

Un modelo de Estado (el autonómico) imposible de financiar y que produce las desigualdades territoriales mayores de nuestra historia, con una insolidaridad jamás conocida; una deuda imposible de devolver que nos llevará a la suspensión de pagos en cuanto empiecen a subir los tipos de interés y BCE ponga fin a su disparatada política de dinero ilimitado a coste cero, que favorece extraordinariamente a los países del norte, particularmente Alemania, y arruina a los del sur, particularmente España; un sistema financiero pendiente de un hilo; un sistema de pensiones quebrado donde los gastos superan un 20% a los ingresos, lo que se cubre con deuda, y un mercado laboral donde la calidad del trabajo, los salarios y la protección social es ya claramente tercermundista .

Esa y no otra es la realidad económica y social de España hoy, todo lo demás es pura demagogia y propaganda vana, como cuando Zapatero afirmaba que teníamos el sistema financiero más sólido de la galaxia y que no había ninguna crisis.

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