El presidente de Smartmatic se ha visto desenmascarado en sus actividades subversivas trasnacionales.

El multimillonario estadounidense George Soros reconoció fungió como uno de los actores para establecer una fundación en Ucrania que contribuyó al derrocamiento del gobierno legítimo y a la toma del poder por una junta “elegida” por el Departamento de Estado.

Desde noviembre de 2014, Smartmatic pasó a ser propiedad de George Soros. Ese mismo año admitió que impulsó una organización que preparó el camino al golpe de Estado en Ucrania.

RT reprodujo parte del relato tras una entrevista concedida por el magnate a la cadena CNN con el periodista Fareed Rafiq Zakaria. “Una de las cosas que muchas personas reconocen [sobre él] fue que durante las revoluciones de 1989 financió actividades de los disidentes y grupos de la sociedad civil en el este de Europa, Polonia y la República Checa”. Este panorama planteó la pregunta: ¿Está usted haciendo cosas similares en Ucrania?.

“Creé una fundación en Ucrania antes de que se independizara de Rusia. Y la fundación ha estado funcionando desde entonces y ha jugado un papel importante en los acontecimientos actuales”, respondió Soros.

Muchos participantes en la revuelta de la plaza de Maidán, situada en el Kiev, fueron entrenados en talleres y conferencias patrocinados por la Fundación del Renacimiento Internacional de Soros (IRF, International Renaissance Foundation), y por los diversos institutos y fundaciones de la Sociedad Abierta (Open Society).

También mantuvo extensas reuniones con todos los actores de estos acontecimientos para minimizar y contrarrestar la influencia rusa y los lazos culturales Moscú-Kiev con un enfoque para imponer un paquetazo de medidas neoliberales.

Soros, incluso, influyó en la sesgada cobertura de los multimedia en los eventos de Ucrania.

Diversos medios de comunicación han hecho eco del estrecho trabajo de este personaje con la USAID, la Fundación Nacional para la Democracia, el Instituto Republicano Internacional, el Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales, Freedom House y el Instituto Albert Einstein con el fin de incitar a una serie de revoluciones “de colores” en Europa Oriental y Asia Central tras la disolución de la Unión Soviética.

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