La opinión pública local sigue con atención un proceso judicial en Estados Unidos contra cuatro ex guardias de seguridad Blackwater que asesinaron a 14 civiles iraquíes en 2007, consigna hoy el sitio BBC news.

En la decisión más reciente, un tribunal de apelaciones anuló la condena de uno de los implicados en la masacre, Nicholas Slatten, y ordenó otro juicio al alegar que debió ser juzgado aparte de Paul Slogh, Dustin Heard y Evan Liberty, los otros tres homicidas.

A estos tres últimos, el jurado los condenó a 30 años de prisión, mientras que a Slatten lo sentenciaron a cadena perpetua.

Los abogados alegan que su defendido no fue el primero en disparar.

El tiroteo protagonizado en la plaza capitalina Nisoor por los cuatro ex guardias norteamericanos, causó la muerte a 14 personas y heridas a otras 17.

En un intento por justificar la matanza, los cuatro declararon que se hallaban bajo fuego enemigo y con sus disparos intentaban abrirle el camino a una caravana militar.

Durante las sesiones del proceso, decenas de víctimas y testigos prestaron sus declaraciones en vivo o por vía televisiva.

Esa masacre trajo a la memoria otra acción similar realizada por el sargento estadounidense Robert Bales, quien mató a 16 personas, incluidos 11 niños, durante incursiones a las aldeas de Balandi y Alkozai, en Afganistán.

En la base conjunta Lewis- McChord, estado de Washington, los asistentes quedaron impactados con la monstruosidad ejecutada por el militar, a la cual la fiscalía consideró de premeditada, metódica y de una crueldad infinita.

Bajo los efectos del alcohol y esteroides, Bales aniquiló a un grupo de personas en la localidad de Balandi, regresó al puesto militar y más tarde, cometió igual matanza en Alkozai, ambas situadas en la provincia afgana de Kandahar.