Los campesinos de Paraguay marcharon ayer martes para pedir al Gobierno Nacional la aprobación del proyecto de ley de subsidio a las deudas campesinas.

El centro de Asunción, donde se encontraban en huelga desde hace un mes, fue el punto de partida de la marcha hasta la sede del Congreso Nacional
Los agricultores denunciaron los estrictos controles a los que están siendo sometidos sobre las rutas que los conducen a la capital, además de las medidas económicas que les dificulta salir de la crisis en las que están sumergidos.

Los campesinos han informado reiteradas veces ante el gobierno de Horacio Cartes la grave situación que los aqueja en el campo, “sin caminos, sin servicios de salud, con escasa o nula presencia social del Estado”.

Aunado a que el pago a sus productos son irrisorios, el capital financiero carece de créditos con sentido social, y están en una latente amenaza de perder sus tierras, reseñan agencias.

Con las protestas y el poco interés del Ejecutivo de prestar atención a las necesidades de los campesinos, estos han perdido la totalidad de sus cultivos.

La ley fue aprobada en el Congreso, pero Cartes se encargó de que la victoria campesina durara poco y, en menos de 48 horas, rechazó el proyecto.

Así, los campesinos tendrán que volver a pasar por el largo y tedioso proceso burocrático para conseguir nuevamente que las cámaras legislativas vuelvan a tratar la iniciativa y rechazar el veto presidencial.

En este sentido, los próximos días serán cruciales para que las protestas se impongan ante la negativa gubernamental, y puedan levantarse con una conquista, para entrar a una etapa definitoria para los problemas del campesinado.

Además, el gremio campesino tendrá que luchar contra el poder político, económico y mediático que les declaró la guerra, situándolos como ese “cuerpo extraño y violento insertado en el centro de la ciudad”.

La ley, de haber sido aprobada, hubiese beneficiado a los campesinos abaratando también el costo para el consumidor.

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