Figuras públicas alemanas de la organización Antiimperialistische Aktion convocan a una protesta contra la ley rusófoba aprobada por el Parlamento de Polonia, para desmantelar los monumentos soviéticos.

Este año, el 22 de junio, día que marca el aniversario del ataque bárbaro de la Alemania nazi contra la Unión Soviética, el Parlamento polaco, a pesar del acuerdo internacional entre Polonia y la Federación de Rusia desde 1994 sobre tumbas y sitios conmemorativos, ordenó la demolición de monumentos y memoriales soviéticos en suelo polaco.

En el mismo día que se celebra en Rusia y Bielorusia como el Día de la Memoria de las Víctimas de la Segunda Guerra Mundial, sólo 15 miembros del Parlamento votaron en contra de este acto vergonzoso, mientras que 408 votaron a su favor. El apoyo provino de todos los partidos políticos: tanto el partido gobernante PiS («Ley y Justicia») como la oposición «liberal democrática». Esto significa que la agenda anterior ha unido un paisaje político de otra manera ferozmente polarizada.

Este acto provocador concluye tres décadas de intensificación de la propaganda institucional anti-comunista, anti-soviética y antirrusa, diseñada para incitar y solidificar el odio contra comunistas y rusos, principalmente entre la generación más joven. Vale la pena señalar que estas actitudes eran marginales incluso en los primeros años después de la victoria de la contrarrevolución en 1989. Estas actitudes eran ajenas al pueblo polaco, que a nivel local a menudo se oponían al cambio de nombres de calles y a otros intentos de socavar la historia. Algunas administraciones locales a pesar de las amenazas y la presión administrativa del estado se han negado a participar en la demolición.

La intensificación de la campaña institucional, anticomunista y antirrusa no se limita a la imposición de políticas históricas revisionistas en los espacios públicos, sino que también se dirige a los partidos políticos y activistas contemporáneos. Después de tres décadas de discriminación en la vida pública, de presiones directas e indirectas, hemos entrado en una nueva fase de flagrante represión política. En 2014, miembros del Comité Central del Partido Comunista de Polonia, un partido legal registrado en 2002, fueron acusados penalmente por toda su actividad sin cambios sustanciales en la legislación. Aunque el juicio ha estado en curso durante casi 3 años, los acusados siguen sin saber cuál de sus acciones es la base de la acusación.

Se ha impuesto una orden de arresto contra el activista polaco Dr. Mateusz Piskorski, que intentó inscribir al partido político «Zmiana», que promueve abiertamente una mejora de las relaciones polaco-rusas, el cambio de la política exterior polaca y la salida del bloque imperialista de la OTAN. A pesar de las acusaciones iniciales de «espionaje para Rusia, China e Irak», el fiscal todavía no ha podido presentar la acusación al tribunal. El arresto y la detención del Dr. Piskorski se han prorrogado por un segundo año. Muchos otros compañeros, amigos y activistas han estado bajo constante amenaza de la seguridad del Estado polaco que actúa en nombre de otros países de la OTAN.

¿Por qué es dañina esta campaña anticomunista y antirrusa que implica la despiadada destrucción de los monumentos de los soldados soviéticos?

En primer lugar, contraviene el derecho interno y el derecho internacional. En segundo lugar, es contra la paz y la seguridad mundiales. Se trata de un intento de realizar los intereses de Estados Unidos, cuyo objetivo es crear tensiones entre las naciones de Europa Central y, en particular, incitar al odio entre Polonia y la Federación de Rusia. Esta política estadounidense nos conduce hacia una catástrofe política y militar, donde Polonia sería nuevamente la mayor víctima, pero donde todas las naciones europeas, independientemente de su lealtad (UE o no) sufrirían.

Es obligación de todas las naciones de Europa guardar fielmente los recuerdos de los acontecimientos importantes del siglo pasado. Es nuestro deber recordar la historia y aprender sus lecciones. Esta campaña de destrucción de los monumentos del Ejército Rojo es un intento de borrar la memoria de la liberación de Polonia de las fuerzas alemanas por el Ejército Rojo y es, por lo tanto, una parte crucial de la campaña para incitar al odio entre nuestras naciones. No podemos permitir que los provocadores de guerra estadounidenses inciten a otra guerra, que inicialmente se libraría en territorio polaco, pero que se extendería a Europa central y posiblemente también a Europa occidental.

Les pedimos, por tanto, que participen en nuestra acción común contra estos peligrosos acontecimientos y participen en una acción internacional coordinada frente a las embajadas polacas dentro y fuera de Europa el 2 de septiembre de 2017.

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