No hace mucho tiempo, se discutía un buen artículo que incluía catastróficas predicciones sobre el desarrollo de los acontecimientos en Ucrania, que fue publicado por un proyecto asociado a Ukrainskaya Pravda. Desde mi punto de vista, lo más interesante se encuentra en la parte final del texto, donde el autor ofrece diferentes salidas a la crisis. Por algún motivo, muchos han evitado prestar atención a esas propuestas. Todo el contenido está en ellas.

Sorprendentemente, muchos aún no se han dado cuenta que estas predicciones son reales y hasta qué punto son exactamente las mismas predicciones que se hicieron durante las protestas de Euromaidan, cuando muchos ucranianos se reían con condescendencia ante los avisos de la posibilidad de que estallara una guerra, el colapso de la economía o el fascismo en el Gobierno. Mientras tanto, se ha convertido en algo ordinario que los expertos liberales lo mencionen ahora.

El control externo de la economía del país se está produciendo desde hace tiempo en Ucrania de la manera más abierta, indecente y afectando a la soberanía del país a nivel del Estado. La comercialización de las tierras, los bosques y el subsuelo para uso de inversores extranjeros se ha declarado oficialmente [después de décadas en las que Ucrania se había negado a caer en esta medida] una de las políticas prioritarias. Y el Estado se ha desentendido de facto de la reparación y el mantenimiento de la infraestructura de la misma manera que lo ha hecho con la sanidad, la educción, las pensiones y los servicios sociales.

La “ciudadanía multinivel”, que permite al Gobierno excluir de la vida política a los ciudadanos desleales del país ya se ha aplicado con éxito en el sistema político de los países bálticos miembros de la Unión Europea [principalmente excluyendo del proceso a la población de etnia rusa, a la que en muchos casos se niega la ciudadanía] y en Ucrania ya no se permite ejercer su derecho al voto a la gran mayoría de refugiados de Donbass. Hace unos días, en un programa de televisión del canal que es propiedad del presidente del país, se discutieron públicamente propuestas para deportar o limitar los derechos de la población desleal en términos ideológicos. Entre los principales representantes de la nación escuchamos exigencias de imponer exámenes de cualificación para evitar así que el país pueda votar ayudar a los “sovok” [forma despectiva con la que el nacionalismo ucraniano suele referirse a las personas que no reniegan del pasado soviético]. O se habla de reasentar a esas personas en guetos para pobres, lejos de los apartamentos de lujo de la élite, algo que, en realidad, se aplica en todo el mundo.

La clara alusión al hecho de que los ucranianos no saldrán de esta situación “sin un poco de sangre”, podría indicar que la reanudación del “paquete de reformas” se implementará en el contexto de una intensificación de las hostilidades, que justificaría cualquier acción. “El sistema político que tenemos hoy en día es incapaz de sacar a nuestro país de la profunda crisis en la que nos encontramos. Soy partidario de medias más contundentes: la dictadura”, afirmó el mes pasado el viceministro para los “territorios ocupados” Georgy Tuka.