Las conversaciones de paz entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno colombiano, en Quito, capital de Ecuador, están un compás de espera hasta la primera semana de septiembre, cuando Colombia reciba la visita del Papa Francisco.

La llegada del Sumo Pontífice a la nación cafetera coincidirá con la reanudación del tercer ciclo de diálogos, comenzado el 24 de julio pasado, en la hacienda Cashapamba, en las afueras de la urbe capitalina, en los que ambas mostraron un interés común por avanzar siempre más para ponerle fin a un conflicto interno que desangra a Colombia por más de 50 años.

Mencionados por el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, los diálogos de paz con el ELN figuran como uno de los puntos esenciales en su agenda de trabajo para su último año de mandato.

‘Esperamos llegar a acuerdos si existe voluntad política del ELN. En términos de tiempo, si existe voluntad, hay tiempo suficiente’, dijo el jefe de Estado.

Coinciden los especialistas que los principales logros de Santos como presidente se pueden ver en los temas de la equidad, la educación y la paz: la firma del acuerdo con las FARC, en noviembre de 2016, le puso en sus manos el premio Nobel de la Paz, en medio de las criticas de oposición que el acusa de haber entregado el país a la guerrilla.

Durante la inauguración del nuevo ciclo de negociaciones, el embajador Itinerante para temas estratégicos de la Cancillería ecuatoriana, Juan Meriguet, expresó el anhelo del gobierno ecuatoriano para el avance del proceso de diálogos.

Por su parte, el jefe negociador de Colombia, Juan Camilo Restrepo destacó en su cuenta Twitter que el gobierno se enfrentaba a la reunión de la hacienda Cashapamba ‘con la mejor disposición de avanzar hacia la paz. Pero que quede claro para que no haya dudas: el cese al fuego sólo será posible si el ELN desmonta hostilidades contra sociedad civil’.

Según entendidos, el cumplimiento de esa premisa junto a la del cese de las hostilidades permite un respiro a ambas delegaciones en la búsqueda de una solución final y representará un alivio para la sociedad colombiana y sobre todo en la situación humanitaria de las comunidades en las zonas de mayor confrontación.

El grupo guerrillero subrayó en un comunicado que ‘hemos insistido durante los últimos años que los diálogos hacia la paz deberían darse en un marco de cese el fuego bilateral. Durante el segundo ciclo, el Gobierno manifestó, finalmente, que sí estaba dispuesto a avanzar en ese sentido’.

Argumentó el ELN que ambas partes tienen la posibilidad y responsabilidad de dar un paso histórico: Concretar un cese al fuego bilateral que brinde al país un apaciguamiento del conflicto armado.

Sin embargo, insistió en que seguirá exigiéndole al gobierno colombiano el cese de las agresiones contra el movimiento social y garantizar la integridad de sus líderes.

‘Para avanzar hacia la solución política al conflicto social y armado, el Estado debe garantizar que la lucha por el poder pueda hacerse sin violencia’, añade el comunicado.

Otras de las prioridades de este tercer ciclo de diálogos fue convocar ‘sin más demora’ a las audiencias preparatorias con el fin de avanzar en el punto 1 de la agenda: Participación de la sociedad. También, acordar los términos del desminado humanitario en las regiones ya propuestas. El gobierno colombiano y el ELN iniciaron en febrero pasado los diálogos de paz en Quito, y tras seis semanas dedicadas al primer ciclo, se reunieron nuevamente a finales de junio, cita en la que las partes se comprometieron a trabajar en temas humanitarios y en el cese de hostilidades previo al inicio de este ciclo.

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