Los franceses quieren privar al presidente Emmanuel Macron del proyecto de estatuto para su esposa, pagado con dinero público. Simple hipocresía, dicen los partidarios del mandatario.

Francia no otorgará a la mujer del jefe del Estado un estatus similar al que disfruta en Estados Unidos. Bueno, eso si Macron no consigue convencer a más de un 68% de sus compatriotas, que se oponen en los sondeos a que Brigitte Macron se convierta en primera dama oficialmente.

Macron ha sido víctima del efecto bumerán de su Ley para la moralización de la vida pública. Votada el pasado 3 de agosto, la norma impide a senadores, diputados y alcaldes contratar a sus familiares próximos, tal y como se venía haciendo hasta hoy.

Aunque cuenta con la mayoría suficiente en la Asamblea para llevar adelante sus propuestas, Macron acaba de comprobar cómo la opinión pública puede lanzar un pulso al legislativo.

Casi 300.000 personas han firmado ya a través de una plataforma digital una petición de rechazo al estatus de primera dama que el nuevo presidente había prometido durante su campaña electoral.

La propuesta de Macron no incluye un salario pagado con el erario público y, según el propio jefe del Estado, pretende simplemente otorgar transparencia a un hábito que, aunque de manera no oficial, ha existido en su país en las últimas décadas.

Por eso, algunos de los defensores del estatus de primera dama consideran hipócrita la acción emprendida por los opositores a través de internet. Brigitte Macron cuenta ya con tres colaboradores, dos secretarias y dos miembros de seguridad pagados por el presupuesto público.

Hasta ahora, la esposa del presidente francés solo aparece con un papel específico en su rol protocolario cuando viaja al exterior o cuando recibe invitados internacionales. Para algunas opiniones, ese es un rol de simple «florero», y, por lo tanto, «machista».

En tiempos de ciberpopulismo es difícil convencer cuando se trata de otorgar partidas de dinero público a cuestiones protocolarias. Pero la realidad se escapa a la supuesta virtud, y para los partidarios del proyecto presidencial el reciente pasado es un ejemplo de ello.

Doble sueldo: esposa y amante

La compañera —no esposa— del presidente François Hollande, Valerie Trierweiler, contaba con un grupo de colaboradores y un despacho en el Elíseo. Todo por un total de más de 19.000 euros al mes.

Carla Bruni, esposa del expresidente Nicolás Sarkozy, disfrutaba de la ayuda de 8 colaboradores, además de la creación y mantenimiento de un sitio web. Total, 60.000 euros.

Cecilia Sarkozy estuvo viviendo en el Elíseo seis meses, antes de divorciarse del presidente. Pero en ese breve período de tiempo no solo disfrutó de una tarjeta bancaria de libre gasto, sino que participó en misiones políticas, como fue la liberación de las enfermeras búlgaras retenidas por el régimen libio de Muamar Gadafi.