Las declaraciones incendiarias del presidente estadounidense, Donald Trump, contra la República Popular Democrática de Corea (RPDC) recibieron el rechazo y en algunos casos la burla de expertos y políticos norteamericanos.

El mandatario escribió en su cuenta de Twitter que ‘las soluciones militares están listas para ser desplegadas si Pyongyang actúa de forma imprudente’, poco después de señalar que en una eventual confrontación con Estados Unidos ‘se encontrarán con un fuego y una furia nunca vistos en el mundo’.

Frente a las amenazas de la Casa Blanca con el argumento de las pruebas de misiles de la RPDC, las autoridades norcoreanas informaron que lanzarían cuatro cohetes balísticos Hwasong-12, sin cargas explosivas, hasta las inmediaciones de la isla de Guam, sede de dos grandes instalaciones militares norteamericanas.

En ese territorio insular del océano Pacífico radica la base aérea Andersen, en la cual se ubican actualmente al menos seis bombarderos B-1B Lancer de la aviación estratégica, los que en las últimas semanas realizaron vuelos amenazantes en las cercanías del territorio norcoreano.

Más ejercicios Corea del Sur — EEUU

Como un elemento más de tensión, el Pentágono anunció la realización del ejercicio anual Ulchi-Freedom Guardian del 21 al 31 de agosto, con la participación de decenas de miles de efectivos militares surcoreanos y estadounidenses.

Según autoridades de Washington y Seúl, estas actividades bélicas tienen un carácter ‘defensivo’ y en su mayor parte se realizan en redes computarizadas, pero Pyongyang asegura que se trata de verdaderos ensayos de agresión, contra los cuales tomará las medidas necesarias. En este contexto, el presidente de la Junta de jefes de Estado Mayor, general Joseph Dunford, visitó Seúl el 14 de agosto como parte de una gira que también incluye la República Popular China.

Dunford llegó con la misión de coordinar acciones de último minuto con su homólogo surcoreano e intercambiar criterios con el mando de las tropas estadounidenses ubicadas en esa nación asiática, donde Washington tiene unos 30 mil efectivos en más de 80 bases e instalaciones.

A la vez que ratificó el anuncio de las mencionadas maniobras, el oficial de más alta graduación en el Pentágono trató de restar peso a las tensiones al señalar que ‘sería horrible si hubiera una guerra aquí en la Península, por eso estamos centrados en dar pasos hacia una solución pacífica’.

Según Dunford, nadie está buscando la confrontación bélica, aunque aclaró que el trabajo de las fuerzas armadas estadounidenses es preparar opciones militares viables en caso de que fracasen las gestiones diplomáticas.

Lo cierto es que el incremento de la actividad militar en la península Coreana constituye un motivo de preocupación -esta vez más que en los últimos años- porque en la actualidad hay más posibilidades de un error de cálculo de alguna de las partes que daría pie a una escalada mucho más seria.

Los secretarios norteamericanos de Defensa y de Estado, James Mattis y Rex Tillerson, respectivamente, señalaron el 14 de agosto que Washington está dispuesto a mantener un diálogo con Pyongyang, pero dejaron claro que las vías diplomáticas para resolver el problema están respaldadas también por ‘opciones militares’.

En un artículo conjunto publicado en el diario The Wall Street Journal, ambos funcionarios señalaron que el objetivo de la ‘campaña pacífica de presión’ es la desnuclearización de la RPDC y aclararon que la Casa Blanca ‘no está interesada en un cambio de régimen ni la rápida reunificación de esa Península’.

El texto parece ser un intento por ‘enfriar’ el ambiente tenso creado por las declaraciones belicistas de Trump, las que provocaron preocupación en la opinión pública estadounidense y en particular entre legisladores demócratas y republicanos.

Negociaciones, presiones y amenazas

Al parecer, Washington aprovecha esta coyuntura para llevar adelante sus planes de larga data de tratar de cambiar el sistema político-social de la RPDC, de lo cual los líderes norcoreanos están sobre aviso e insisten en su derecho a la legítima defensa.

Al mismo tiempo, altos funcionarios estadounidenses subrayan que una confrontación bélica con Pyongyang no es inminente, pero a la vez advierten que la posibilidad de una guerra es ahora mucho mayor que hace una década.

En ese sentido, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo y el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, general H. R. McMaster, declararon el 13 de agosto que el conflicto se puede evitar, aunque al mismo tiempo apoyaron las duras amenazas emitidas por Trump.

A pesar de las gestiones conciliadoras de Rusia y China y otras potencias para evitar un recrudecimiento de la situación en la península Coreana, y el rechazo de la canciller germana, Angela Merkel, y otros líderes occidentales a una opción militar, los ojos de los expertos están puestos en los Twitters y las decisiones de Trump.

El jefe de la Oficina Oval demostró en sus 200 y tantos días como gobernante que las opiniones de sus asesores y aliados domésticos e internacionales más cercanos no siempre son decisivas para él.

Imperfecciones del arsenal nuclear de EEUU

En medio de estas crecientes tensiones relacionadas con el programa nuclear de la RPDC, calificado de defensivo por ese país asiático, el jefe de la Casa Blanca hizo una apología sobre la situación actual de las armas atómicas en poder del Pentágono.

Según el gobernante, su primera orden como presidente ‘fue renovar y modernizar nuestro arsenal nuclear que ahora es más fuerte y poderoso que nunca antes’.

Pero un análisis publicado el 10 de agosto en el sitio digital Defense News señala que en realidad, el inventario de armas nucleares se redujo en los últimos siete meses.

Esto se debió a que Estados Unidos tenía que cumplir con los nuevos límites del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) y por ejemplo el número de cohetes balísticos intercontinentales (ICBM) en sus inventarios es de 400, el nivel más bajo desde principios de 1960.

Al referirse a los calificativos de Trump sobre el poderío atómico norteamericano, el experto Stephen Schwartz, exeditor de la publicación especializada Nonproliferation Review, señaló que resulta totalmente absurdo ‘ porque desde que el magnate inmobiliario ocupó el poder no ocurrió nada para aumentar las capacidades del arsenal nuclear estadounidense’.

Por su parte, la directora ejecutiva del Centro de Control y No Proliferación de Armas, Alexandra Bell, calificó la aseveración del jefe de la Casa Blanca de ‘mentira total’ pues los planes de modernización para el arsenal nuclear ya estaban en marcha antes de que Trump ocupara la presidencia.

A esto se suma que desde mayo, el Pentágono realizó dos pruebas con interceptores de ICBM, las cuales calificó de ‘exitosas’, sin embargo algunos críticos señalaron que en esos lanzamientos no se replicaron las condiciones cercanas a una situación de guerra, por lo que los resultados no se corresponden con la realidad.

Diplomacia y confusión estratégia 

Algunos especialistas estiman que las partes involucradas en este conflicto deben hacer un esfuerzo supremo por evitar su agravamiento y darle una oportunidad a la opción negociadora, para bien de la paz y la seguridad internacionales.

Otros señalan que la comunidad internacional aún no ha hecho lo suficiente para llegar a una solución pacífica, mientras en el plano interno, medios de prensa estadounidenses presentan, como tendencia, una versión tendenciosa de las interioridades del conflicto.

En este contexto resultan significativas las declaraciones de Moon Chung-in, asesor del presidente surcoreano, Moon Jae-in, quien señaló que la retórica de Trump es preocupante porque echa leña al fuego de la crisis, en momentos en que se necesita la restricción mutua.

Chung-in criticó, además, la falta de claridad del mandatario en torno a la política hacia Pyongyang y aseveró que el Gobierno estadounidense cambió de posición y se movió desde la ‘paciencia estratégica’ convocada por el presidente Barack Obama hacia la ‘confusión estratégica’ de Trump.