Los fascistas han quedado desnudos. Sus vergüenzas al aire muestran la crueldad, la mentira y el odio con que alimentan la conducta antidemocrática e irracional de su actuación política.

En Venezuela, nadie niega el derecho que tiene la oposición de cuestionar la Revolución Bolivariana, de combatir las decisiones del gobierno manifestando sus criterios y sus ideas o a través de manifestaciones de calle; a pedir la renuncia del Presidente de la República o, incluso, a impulsar el revocatorio del mandato presidencial.

Todo esto está contemplado en nuestra Constitución y leyes de la República. Basta con cumplir los procedimientos previstos para ejercer pacíficamente esos derechos. Basta con reconocer y respetar las instituciones y autoridades que tienen la responsabilidad de garantizar su libre ejercicio por parte de los ciudadanos.

Realizar estas acciones no significa que lleven la razón en sus reclamos y exigencias ni que sus pretensiones sean satisfechas. Para ello necesitan una condición indispensable: el apoyo de las grandes mayorías del pueblo.

No son mayoría porque no tienen la razón; porque sus líderes son irresponsables e incoherentes en sus propuestas; porque han puesto como orientación de sus luchas políticas el interés del imperialismo gringo y, por si fuera poco, porque su conducta está marcada por el fascismo: Desprecio por quienes piensan distinto, imposición de la violencia y el odio como medios de lucha política, llegando hasta la crueldad y el asesinato.

El gobierno de Nicolás Maduro ha puesto en marcha el antídoto natural contra el fascismo: ¡más democracia! Convoca a la Asamblea Nacional Constituyente y el ciudadano en elecciones libres, universales y transparentes escoge a sus integrantes. A su vez, la ANC pone orden en los poderes díscolos; ratifica en sus funciones al Presidente de la República y al CNE, conservando con este último una conducta claramente democrática: ratificando al representante de la oposición.

Transitamos el camino de la paz.