Se ha tornado una incertidumbre que durante varios años se hable de la «amenaza rusa» y nunca se dé siquiera un fundamento que lo explique. Por tanto, en esta columna ha sido obligatorio analizar cuáles son las bases para hablar de aquello y los resultados sorprenden por la inexistente documentación que soporte dicho epíteto, que se ha utilizado por tanto tiempo como verdad siendo una falacia evidente.

Las causas que conllevan a dicha amenaza serían las siguientes: una, la expansión armamentística y territorial de Rusia, la que se ve desmentida por la verdadera expansión del régimen estadounidense a través de la OTAN y los países vasallos en forma de cerco peligroso.

Lo real es que si una nación no se defiende es ocupada o destruida inmediatamente por esta potencia norteamericana; dos, la interferencia en las elecciones que permitieron a Donald Trump obtener la presidencia, afirmación no demostrada aún y que olvida la intervención electoral de EE.UU. en más de cien países a lo menos, además de invitar a derrocar gobiernos; tres, la propaganda ideológica que expande el Kremlin, desconociendo que las élites neoliberales controlan más del 90% de la información mundial y que la usan para penetrar la conciencia de millones de personas sin importar ética alguna, mintiendo constantemente.

Destaca la falsificación de la historia a través de canales «científicos» y documentales (como Icarus que se transmite por Netflix), elaborando una supuesta trama de dopaje cuyo líder sería el propio presidente Vladímir Putin. Parece un chiste de mal gusto insistir en que Rusia ya va a invadir Lituania, Polonia o Alemania.

No se puede descartar que un elemento principal tenga que ver con los constantes fracasos de USA y sus aliados desde el año 2000, iniciando con Venezuela. Asimismo, con la posición soberana de China, Irán, Rusia, Siria, entre otras, logrando un equilibrio relativo de poder.

Es de señalar que el verdadero amedrentamiento proviene de quien cerca a Rusia movilizando armas y militares hasta las fronteras mismas (lo que estaba prohibido desde 1991, según acuerdos con el Kremlin), sanciona en todas las formas posibles al pueblo y Gobierno ruso, apoya el terrorismo tanto en su creación como sostenimiento financiero y logístico, interviene en todos los Estados donde sus autoridades piensan diferente a la Casa Blanca, impide el pacto nuclear con Irán, apoya el genocidio palestino, propicia el caos generalizado en el planeta, insiste en derrocar gobiernos soberanos, ordena a sus instituciones y presidentes vasallos apoyar todas sus iniciativas por desafortunadas que sean, amenaza con la guerra nuclear, razones que muestran el interés de distorsionar la realidad y encubrir su actuación punitiva.

¿No será cierto que la más peligrosa y verdadera amenaza al planeta es el régimen estadounidense? Lo riesgoso son los denominados «juegos militares» en Bulgaria, costas de Crimea, en Polonia, Reino Unido, países del Báltico, Finlandia, frente a «amenazas cada vez más complejas» en «ensayos de conflictos posibles», sin especificar cuáles y por qué. Cabe señalar que Alemania alberga la mayor base estadounidense en Europa (Ramstein), cuya embajada en Berlín ofrece premios a periodistas por influir en la opinión publica germana en contra de enemigos probables, en línea con los congresistas estadounidenses que proponen aumentar la financiación de la agencia gubernamental BBG para que «continúe su agresivo esfuerzo multimedia dirigido a los rusos y rusófonos».

Lo extraño es que las razones válidas, sustentadas, lógicas, explicando en que consiste la presunta amenaza rusa, aún después de años, no han sido entregadas a la opinión pública.

Respecto a Ucrania, este era un país estable hasta que su presidente decidió dilatar el ingreso a la Unión Europea. La respuesta fue un golpe de Estado que obligó a la separación del país. La votación de los habitantes de Crimea, en su adscripción a Rusia separándose de Ucrania, es supervivencia y protección frente a la acción de Kiev para exterminar a todo opositor. Allí no se ve por ningún lado al agresor soviético-comunista.

¿Por qué se sigue insistiendo en la presunta amenaza rusa si no hay validez alguna?

Por tres motivos: primero, impedir una cooperación entre Rusia y EE.UU. ya que debilitaría profundamente a las corporaciones que estimulan la industria armamentística y permitiría pensar en la paz mundial; segundo, por la necesidad de crear un enemigo de la humanidad para mantener a los pueblos del planeta en constante zozobra y reivindicando la defensa de la democracia-libertad sin explicar su contenido dictatorial; tercero, que todo proyecto hacia la paz desnudaría su mentira puesto que no apoyar el terrorismo está contra sus principios. Desafortunadamente, el propósito de domesticar a Rusia y China en el Pacífico, les ha permitido a éstos proveerse de tecnología avanzada con producción de armamento sofisticado, consolidando su capacidad disuasiva. Lo inquietante para la Casa Blanca es que ahora Rusia posee misiles capaces de superar cualquier sistema de defensa y una guerra la podría perder.