El Congreso Nacional Africano (ANC) acaba de ganar una importante batalla en el parlamento sudafricano, aunque analistas en esta capital consideran que le quedan muchos escollos por vencer en su camino hacia las elecciones de 2019.

La derrota en el órgano legislativo el pasado 8 de agosto de una moción opositora para sacar del poder al presidente Jacob Zuma confirmó sin embargo que dentro del partido gobernante algunos no apoyan a su líder, quien no solo ocupa la máxima posición de gobierno sino que encabeza el ANC.

Las cifras de la votación dieron la victoria al ANC por 198 votos en contra de la moción de no confianza, que recibió el respaldo de 171 diputados y la abstención de nueve. El conjunto de escaños de los partidos opositores asciende a 151, por lo que unos 30 parlamentarios del ANC votaron con ellos o se abstuvieron.

La mayoría de quienes estuvieron contra Zuma se ampararon en el anonimato del voto secreto aprobado para esta ocasión, aunque otros abiertamente le criticaron y anunciaron que votarían ‘con su conciencia’.

A esta realidad se incorporan las críticas que ha recibido el mandatario de parte del Partido Comunista y del Congreso de los Sindicatos de Sudáfrica (Cosatu), integrantes de la alianza tripartita de gobierno, en el poder desde el derrocamiento del apartheid en 1994.

Las desavenencias de los comunistas con Zuma fueron expresadas abiertamente en el XIV Congreso de esa organización celebrado en julio último, que estuvo a punto de abandonar la alianza tripartita y dio un margen para ver ‘los resultados de los esfuerzos del ANC para poner fin a la corrupción’.

Al respecto el secretario general del Partido Comunista, Blade Nzimande, anunció durante esta cita que en los próximos seis meses serán ‘un importante barómetro para que su organización estudie cuidadosamente la situación política del país’.

Cosatu, por su parte, acaba de condenar los intentos dentro del ANC de identificar y castigar a los parlamentarios de sus filas que votaron contra Zuma, una acción que calificó de ‘una cacería de brujas que solo debilitaría más a la organización’.

A juicio de la poderosa central sindical, el ANC tiene la gigantesca tarea de unirse internamente, fortalecer la Alianza tripartita de gobierno y ampliar el rango de su formación popular, por lo que ‘purgar a quienes disienten solo los conducirá a la trampa de divide y vencerás que le sirvió muy bien al apartheid’.

En su declaración, Cosatu expresó que ‘la tarea estratégica de recuperar la unidad del pueblo no será alcanzada por una organización que ha perdido su vocación de grandeza. El ANC debe recordar que todas las rachas ganadoras tienen un fin y que las masas están perdiendo la paciencia’.

Para esta organización, ‘el pueblo sudafricano quiere ver la implementación de una transformación económica más radical que ayude a vencer las sistemáticas características del creciente desempleo, la escandalosa inequidad y la masiva pobreza’.

Con estos antecedentes y con la tarea de recuperar parte de sus seguidores que se han alejado desencantados por no ver una mejoría en sus vidas, el ANC deberá intensificar su labor en todos los frentes para llegar fortalecido a la Conferencia Nacional de diciembre, donde se elegirá la nueva dirigencia de esa organización.

Las reglas en Sudáfrica establecen que el partido que consiga más de la mitad de los votos en las urnas ocupa la presidencia del país, una posición que el Congreso Nacional Africano ha mantenido desde que en 1994 se celebraron las primeras elecciones luego de la derrota del apartheid en este país.

En los últimos comicios de 2012 el ANC atrajo a 11 millones de simpatizantes, que representaron el 64 por ciento de los votos.

Para la próxima contienda varios dirigentes de la organización ya han expresado su deseo de formar parte de la candidatura y ocupar la posición que abandonará Zuma, entre ellas tres mujeres: Nkosazana Dlamini-Zuma, Lindiwe Sisulu y Baleka Mbete.

Dlamini-Zuma fue esposa del actual presidente, con quien tuvo dos hijos, y muchos creen que de ser escogida se ahondaría la escisión del ANC por ser considerada una continuación del mandato actual, a pesar de sus muchos méritos personales y larga experiencia política tanto como ministra como al frente de la Unión Africana.

Lindiwe Sisulu, por su parte, ostenta el honor de ser hija de Walter Sisulu -uno de los principales dirigentes en la historia del ANC- y de haber ocupado sin tropiezos seis ministerios desde que llegó la democracia a Sudáfrica, mientras Mbete es la actual presidenta del parlamento nacional y fue líder de la Liga de Mujeres de esta organización.

El principal candidato hasta este momento es el vicepresidente Cyril Ramaphosa, quien cuenta con respaldo de sectores del ANC opuestos a Zuma. En la lista también aparece el tesorero del ANC Zweli Mkhize, quien fue primer ministro de la provincia de KwaZulu-Natal.

Especialistas aquí subrayan que los restantes meses de 2017 serán de labor intensa para la directiva del Congreso Nacional Africano con el objetivo de asegurar su permanencia en el poder y cumplir las promesas de una Sudáfrica fortalecida donde prime la igualdad y todos tengan oportunidades similares.

En ese camino tendrán que seguir enfrentando a las fuerzas opositoras de la Alianza Democrática y Combatientes por la Independencia Económica, fundamentalmente, que con la introducción de mociones en el parlamento y la presentación de cargos contra Zuma en los tribunales tratan de desviar la atención de la veterana organización de su tarea fundamental, que es fortalecerse.

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