Según representantes del Gobierno de Kiev, a los ucranianos no se les ha perdido nada en Rusia. El Gobierno ucraniano está siendo consecuente y absolutamente franco en su política de ruptura completa con Moscú. Evidentemente, el componente ideológico del proceso juega un papel, pero es igualmente importante para Kiev una tarea específica: lograr la reducción de población en el país.

El ministro de Infraestructuras, Volodymyr Omelian, declaró que los ucranianos no tienen nada que hacer en Rusia y no hay motivo para ir allí. El único motivo aceptable para tal viaje, según la opinión del ministro ucraniano, es visitar a los familiares en Rusia. “Si vamos a Europa, debemos ir a Europa”, afirmó. Además, Omelian añadió que las conexiones aéreas entre los dos países se interrumpieron a iniciativa de su ministerio, al igual que el transporte ferroviario de pasajeros y el transporte de carga con Crimea y Donbass.

Este tipo de comentarios de las autoridades de Kiev, que han parecido cómicos en Rusia, se han convertido en la norma. Sin embargo, son mucho más importantes los actos que las palabras. Y la realidad, representada en los datos, es bien conocida.

Rusia sigue siendo uno de los principales destinos de la emigración (segundo, tras Polonia) ucraniana. La cuarta parte de los ucranianos que abandonaron el país para trabajar, lo hicieron hacia Rusia. Según las estadísticas oficiales, solo durante la primera mitad de 2017, 844.597 ciudadanos de Ucrania se han registrado en Rusia. Gran parte de ese número son personas que no han ido a Rusia para entretenerse, relajarse o visitar a la familia, sino a trabajar. Evidentemente, las autoridades ucranianas son conscientes de estos datos.

La política de separar a Ucrania y a su pueblo de Rusia es sistemática y las autoridades de Kiev no la ocultan, sino que hablan abiertamente de sus prioridades y planes en este sentido.

La planificación del sector ferroviario [del oeste de Rusia] evitando pasar por territorio ucraniano es una prueba clara que Moscú ya consideró seriamente esa posibilidad en 2014. El hecho de que se haya completado mucho antes de lo previsto, indica que las autoridades rusas no descartan la posibilidad de que las relaciones con Ucrania se deterioren aún más. Eso incluye las comunicaciones de transporte y, concretamente, la posibilidad de que la conexión ferroviaria entre los dos países se detenga completamente en un futuro próximo.

La creciente insistencia de los oficiales ucranianos en la necesidad de introducir un régimen de visados con Rusia da a entender que hay en la agenda una próxima ronda de ruptura de relaciones. Sin embargo, los problemas a los que se enfrentarán los rusos no es más que secundario. Las principales víctimas serán, por supuesto, los residentes de Ucrania. En este sentido, es mucho más interesante y más importante lo que las autoridades de Kiev quieren conseguir con esta política (además de aumentar la brecha geopolítica, cultural y económica entre los dos países).

Parece que el principal motive es promover la reducción de la población ucraniana. Para ello, Ucrania promueve un éxodo de su propia población. Eso principalmente se refiere a la parte de la población que las actuales autoridades de Kiev consideran menos “de fiar”, cultural e ideológicamente a Rusia. Y el proceso de ruptura de relaciones y gradual construcción de un muro entre los dos países supone para un dilema de futuro para ese gran número de personas y sus hijos.

Kiev intenta, con promesas, dirigir el flujo de emigración hacia Europa, que supone una serie de ventajas para las autoridades ucranianas. Concretamente, el trabajo en el mercado negro (ya que el régimen de viaje a la Unión Europea sin visado no da derecho a trabajar legalmente) pone a los trabajadores inmigrantes en una posición evidentemente vulnerable, centrados únicamente en la supervivencia, con raras posibilidades de volver a casa y capaces tan solo de enviar asistencia financiera a casas. Por una parte, estas personas se van alejando del espacio cultural del mundo ruso y, por otra, sufren privación y pierden la capacidad de influir en la política ucraniana.

Rusia, por su parte, pese a todos los problemas con la política migratoria, ofrece a los trabajadores ucranianos mejores perspectivas. Según Naciones Unidas, Rusia recibió a más de 420.000 refugiados de Ucrania. Y con la recientemente modificada ley de ciudadanía, Rusia facilita la obtención de la nacionalidad a los inmigrantes de Ucrania.

El resultado es que Kiev consigue deshacerse de población en ambas direcciones: hacia Rusia y hacia la Unión Europea. Además, la opción de Rusia acarrea la posibilidad de una decisión vital que puede llevar al cambio de país de ciudadanía. Debido a las actuales condiciones, Ucrania perderá a la parte de más valor de su población (independientemente de cuál sea a dirección por la que opten): personal cualificado, personas activas y enérgicas.

Lo que para la gran mayoría de países sería la una catástrofe demográfica, en el caso de las autoridades ucranianas se convierte en un objetivo deseable. El predeterminado (y crecientemente inevitable) futuro de Ucrania simplemente no puede proveer para toda la población.

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