Las crecientes tensiones entre Estados Unidos y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) constituyen uno de los principales motivos de preocupación de la comunidad internacional, pese a que en los últimos días hubo ligeros indicios de una posible solución pacífica.

En medio de la hostilidad política y militar de Washington, las autoridades de Pyongyang, que reiteran el carácter defensivo de su programa nuclear y el desarrollo de cohetes balísticos, decidieron esta semana poner en suspenso sus planes de lanzar misiles Hwasong-12 hacia la isla de Guam.

En ese territorio insular estadounidense en el océano Pacífico, el Pentágono tiene importantes instalaciones militares, en particular la base aérea de Andersen, donde se ubican al menos seis bombarderos B-1B Lancer, los que recientemente realizaron vuelos amenazantes en las cercanías del territorio norcoreano.

El presidente de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Kim Jong-un, decidió postergar estos lanzamientos, pero aclaró que observará un poco más la conducta de Washington, para después tomar una determinación final al respecto, lo que algunos expertos ven como un gesto de buena voluntad.

En ese sentido, el secretario general de la ONU, António Guterres, llamó a evitar la guerra y reactivar las negociaciones que comenzaron en 2003, y se mantuvieron de manera irregular en los últimos años, con la participación de la RPDC, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón, China y Rusia.

El llamado de Guterres contrasta con las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, contra Corea del Norte en las últimas semanas, que por cierto fueron motivo de burlas y rechazo por académicos y políticos norteamericanos.

El mandatario escribió en su cuenta de Twitter que ‘las soluciones militares están listas para ser desplegadas si Pyongyang actúa de forma imprudente’, tras advertir a los norcoreanos que en caso de una confrontación ‘se encontrarán con un fuego y una furia nunca vistos en el mundo’.

Con el objetivo de incrementar las presiones contra la RPDC, el Pentágono ratificó que realizará el ejercicio anual Ulchi-Freedom Guardian del 21 al 31 de agosto, con la participación de decenas de miles de efectivos militares surcoreanos y estadounidenses.

Para los dirigentes norcoreanos, estos entrenamientos constituyen verdaderos ensayos de agresión, contra los cuales dicen que tomarán las medidas necesarias, teniendo en cuenta que en ellos estarán presentes una buena parte de los más de 30 mil efectivos que Washington mantiene en más de 80 bases e instalaciones en Surcorea.

Para algunos expertos, la comunidad internacional aún no ha hecho lo suficiente para llegar a una solución pacífica, mientras en el plano interno, medios de prensa estadounidenses presentan, como tendencia, una versión poco equilibrada de las interioridades del conflicto.

De todas formas, las insultantes declaraciones de Trump quedaron ante la opinión pública mundial como un ejemplo de que Estados Unidos -a pesar de que lo niega- aprovecha esta coyuntura para llevar adelante sus planes de cambiar el sistema político-social de la RPDC, por lo cual los líderes norcoreanos insisten en su derecho a la legítima defensa.

Pese a ello, todo parece indicar que puede vencer la opción negociadora en la actual coyuntura y que, al menos por ahora, no es inevitable una guerra en la península Coreana que traería un saldo incalculable de muerte y destrucción.