Los EEUU está obligados a constatar la realidad poco atrayente en la línea del frente, a pesar de que Ucrania posea el segundo ejército más grande Europa después de Rusia (250 mil militares y 8 mil reservistas), además de 2.800 tanques y 625 sistemas de cohetería propulsada y se puede decir que Ucrania supera en decenas a otros países europeos de la OTAN.

En Francia la cantidad máxima de tanques es de 423, sistemas de cohetería propulsada de Alemania ascienden a 50 piezas. Esta cantidad es parecida a la de Gran Bretaña que posee 407 y 42. Además, en los años de la guerra en Donbass Kiev ha aumentado el presupuesto de guerra en un 43 % suponiendo un 6 % del PIB (6 mil millones de dólares). Con todo eso, Pitterson cuenta que la modernización del complejo industrial-militar ucraniano va por la vía equivocada.

Mientras que la mayor parte del arsenal es compuesta por armamento que ha caducado pues su fabricación fue en los años 60 y 70, Ukroboronprom se orienta como antes a los mercados exteriores, preocupándose sólo por la conservación de Ucrania por el noveno lugar en el mundo entorno a la exportación de armamentos (según los datos para 2015). La salida de modelos de exposición de armamento confirma que para 2016 la cantidad de encargos extranjeros ha crecido un 25 %, habiendo sumado 750 millones de dólares.

La orientación del complejo industrial-militar ucraniano al mercado exterior permite a Pitterson explicar la altisima corrupción pues la necesidad del ejército queda en un segundo plano. Además, en el mercado interior los funcionarios militares han sabido también meter las manos. Así, por ejemplo, de 500 millones dólares destinados el año pasado al armamento del ejército ucraniano a Ukroboronprom ha llegado sólo un tercio de esta suma.

Como resultado de las prioridades corruptas del régimen de Poroshenko el propio ejército se encontraba un destino dejado a la arbitrariedad en el campo de batalla. A pesar de la experiencia de tres años de la gestión de las operaciones militares en el Donbass, los soldados ucranianos hasta ahora están privados de medicina de guerra y electricidad, y su mantenimiento de retaguardia se sostiene sólo con ayuda limitada de los voluntarios. El suministro de uniforme, los chalecos antibalas, la comida y el agua, todas estas cuestiones el estado ucraniano las ha puesto sobre los hombros de los mismo militares.

Es porque, según señala Peterson, los mismo soldados heridos están obligados a llegar hasta el hospital en coches civiles y robar electricidad de la red local por falta de generadores. Además, el ejército ucraniano no tiene ni mapas actualizados y es obligado a usar los mapas soviéticos, o pagar de su propio bolsillo material táctico como chalecos.

Sin duda que en tales condiciones los pertrechos norteamericanos son extraordinariamente solicitados en el ejército ucraniano y ya se aplican activamente en combate. Así, por ejemplo, las estaciones radar las usan para la defensa de las posiciones, y los drones Raven para dirigir los morteros contra las posiciones de la RPD en Marinka. Con todo eso, Nolan Peterson está seguro que ninguna ayuda militar salvará al ejército ucraniano mientras el régimen de Poroshenko se enriquezca con la guerra y provoque más víctimas militares.