El presidente estadounidense, Donald Trump, cierra hoy su séptimo mes de Gobierno sin contar con quien fuera su principal estratega, Steve Bannon, el último de varios funcionarios que dejaron el gabinete en los últimos 30 días.

Un mes atrás, cuando el mandatario cumplió medio año en la mansión ejecutiva, todavía tenía entre sus filas a Sean Spicer, como su secretario de prensa; a Michael Short, asesor de esa área; a Rience Priebus, en el cargo de jefe de personal; y al propio Bannon.

El 21 de julio, sin embargo, comenzó lo que sería una sacudida importante en la administración del republicano, quien ese día anunció al financista Anthony Scaramucci como director de comunicaciones.

Durante esa misma jornada, Spicer renunció a su puesto, disgustado con la decisión del presidente de nombrar a Scaramucci, quien presuntamente tenía una relación tensa con el exvocero y con Priebus.

La noticia de la renuncia de Spicer no resultó tan sorprendente si se toma en cuenta que estaba cada vez más alejado de las cámaras y se comentaba su búsqueda de un papel menos público en la Casa Blanca.

Pero su partida abrió un camino seguido luego por Short, quien dimitió poco después de que el nuevo responsable de comunicaciones indicara en una entrevista con el portal Politico que planeaba despedirlo por fugas de información.

Al mismo tiempo, varias fuentes estimaron en peligro de perder su cargo al fiscal general, Jeff Sessions, debido a duras críticas que Trump lanzó en su contra públicamente y que hicieron pensar en una ruptura total entre ambos.

Pese a eso, el siguiente eslabón de la cadena en romperse no fue el secretario de Justicia, sino Priebus, cuando el 28 de julio Trump designó como su nuevo jefe de personal a John Kelly, hasta entonces el secretario de Seguridad Nacional.

La salida del anterior encargado del gabinete ocurrió entre rumores que apuntaban a fuertes tensiones entre él y Scaramucci.

Tras su llegada al puesto el director de Comunicaciones lanzó ataques contra quienes trabajan en la administración por las filtraciones a la prensa, y por varias vías dejó ver que consideraba a Priebus como el responsable de esas fugas de información.

Asimismo, en una conversación telefónica con un periodista de la revista The New Yorker, que fue reproducida luego por numerosos medios, el financista pronunció comentarios negativos y muy groseros sobre el ex jefe de personal y sobre Bannon.

Pero poco le duró a Scaramucci el paso por la Casa Blanca, pues luego de 10 días en la mansión ejecutiva, y a solo tres jornadas del despido de Priebus, se dio a conocer su retirada.

A través de un comunicado, la sucesora de Spicer como secretaria de prensa, Sarah Huckabee Sanders, sostuvo que el financista neoyorquino abandonó el cargo al considerar que ‘era lo mejor’ para darle al ex titular de Seguridad Nacional la oportunidad de comenzar de cero y construir su propio equipo.

De acuerdo con la cadena CNN, un funcionario de la administración dijo que Kelly quería que Scaramucci fuera removido porque no creía que fuera disciplinado y consideró que pondría en peligro su credibilidad.

A partir de ese hecho, los problemas del gabinete parecieron entrar en relativa calma bajo la vista del general, quien según diversas fuentes fue llamado por Trump a poner orden en la Casa Blanca.

Sin embargo, el viernes último fue el jefe de estrategia del gobernante el que salió de la administración, una medida que según Sanders fue acordada entre él y Kelly.

El portal digital The Hill señaló que aunque Trump despidió a otros dos colaboradores que le ayudaron a ganar la Casa Blanca -Priebus y su ex asesor de seguridad nacional, Michael Flynn- la salida de Bannon es quizás el cambio más significativo hasta la fecha.

De acuerdo con la publicación, el movimiento fue un choque para los aliados de Bannon dentro y fuera de la Casa Blanca, porque estaban seguros de que Trump estaría al lado de su leal asesor.

Con ese paso, Trump dejó ir a una figura responsabilizada por algunas de sus políticas más controversiales y criticada por sus vínculos con la derecha alternativa, un conjunto de ideologías que se sustentan en el nacionalismo, la supremacía blanca, la islamofobia y el antifeminismo.

A decir de Bannon, la administración será ‘mucho más convencional’ después de su partida, y se volverá más difícil abrir un camino hacia adelante en temas como ‘nacionalismo económico e inmigración’.

Su criterio es que el ‘establishment’ republicano podría moderar al presidente, y acusó a los miembros del partido de no tener interés en el éxito de Trump.

De ese modo, queda abierta la interrogante de si el mandatario mostrará, en efecto, un cambio de rumbo, o si se empeñará en seguir apegado a ideas y políticas que han provocado críticas de numerosos sectores.