La iniciativa de los legisladores rusos, que recientemente han aumentado los esfuerzos para simplificar la obtención de la nacionalidad rusa a los compatriotas que residen en el extranjero, ha causado ciertas preocupaciones a algunos en Rusia. Estas preocupaciones parten principalmente del temor a los inmigrantes de Ucrania, país con el que, como todos sabemos, las relaciones no son las mejores.

Uno de los argumentos más comunes es que, teniendo en cuenta la complicada situación socioeconómica que atraviesa Ucrania y el gran número de ciudadanos que desean abandonar el país, una gran cantidad de ciudadanos poco leales huirán a Rusia. Por ejemplo, quienes apoyaron Maidan o votaron a los partidos que ahora están en el poder en Ucrania. Y una vez en Rusia y obtenida la nacionalidad, inmediatamente comenzarán a hacer daño a su nuevo país. Creo que se trata de una concepción equivocada basada en estereotipos habitualmente producidos por los medios.

Si analizamos la cuestión de forma dialéctica, es sencillo observar que, con el programa de reasentamiento y adopción de la nacionalidad, el segmento de la población más fiel al Estado ucraniano se convertirá rápidamente en el sector más leal en su nuevo país. Esta afirmación puede ilustrarse con los resultados de los estudios sociológicos de Ucrania.

Por ejemplo, el Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Ucrania aporta una gran cantidad de datos interesantes e informativos. Esos datos afirman que, incluso entre quienes apoyan a la actual élite ucraniana en las elecciones, la ciudadanía se mantiene fundamentalmente apolítica.

Así, el 48% de los encuestados están de acuerdo con la afirmación de que no les interesa el poder sino únicamente el hecho de que su vida diaria ha empeorado. El 15% no es capaz de contestar a la pregunta ya que no tiene una posición política clara. El 60% de los ciudadanos ucranianos no tiene una preferencia estable en política y se guían por la pregunta de quién puede aportar estabilidad y un mínimo bienestar. ¿Cómo se manifiestan esas preferencias cuando es el momento de votar en las elecciones?

Evidentemente, por los medios de comunicación. Y teniendo en cuenta que en Rusia estarán influidos por la prensa rusa, sus preferencias políticas se formarán según la realidad de su nuevo país.

Es incluso más reveladora la respuesta a la afirmación “cualquier intento de cambiar la estructura política del país requeriría demasiado sacrificio y es inútil” planteada por los sociólogos. El 63% de quienes respondieron a la encuesta se mostraron de acuerdo y otro 24% fue incapaz de responder.

Ya sea por apatía o por miedo, un 87% muestran lealtad al sistema político, incluso al vergonzoso sistema político con el que cuenta Ucrania. Esto significa que, al mudarse a otro país en el que el sistema político es, sin duda, más humano y más estable, esos mismos ciudadanos serán más leales al nuevo Estado.

En los datos sociológicos de Ucrania se muestran resultados similares en las respuestas a asuntos relacionados con la esfera de influencia de los medios en la conciencia política. De hecho, los datos demuestran que una gran parte de la población de Ucrania se conforma con el mantenimiento de la ley y una vida estable y no tiene preferencia especial por el sabotaje o los disturbios. Eso es lo que observamos ahora mismo en Ucrania.

Es previsible que, ya como ciudadanos rusos, esas personas se conviertan en igualmente leales al Estado y la burocracia rusa, lo que les hace un valor positivo para cualquier Estado.

Finalmente, tras una temporada de tratamiento bajo la influencia de la prensa rusa, estas personas llamarán a sus familiares en Ucrania y les acusarán de fascismo y complicidad con la OTAN, que es, en términos generales, de lo que se acusa a los partidarios del Gobierno ucraniano en Rusia.

También hay que decir que, teniendo en cuenta el descenso de población en Rusia, la población ucraniana no es insignificante. En cualquier caso, en comparación con la población de Asia central, los ciudadanos de Ucrania, aunque no idénticos, son culturalmente mucho más cercanos a los rusos.

Desde este punto de vista, aunque pudiera parecer paradójico, esa población leal al sistema político ucraniano es preferible a los habitantes de Crimea y de Donbass, que han saboreado una gran rebelión o desobediencia al sistema y la burocracia del Estado, lo que, no es un precedente muy positivo desde el punto de vista del Estado postsoviético más similar en términos de estructura política y económica. Y aquí creo que el cálculo racional entra en conflicto con el concepto de justicia.

Por ejemplo, un habitante de la zona de Cherkassi que, como se suele decir, Rusia no le debe nada. Sin embargo, en términos morales, la situación de la población de Donbass es más complicada. Muchos residentes de Crimea -que no se ofendan- se ven a sí mismos como activos especialmente importantes que se han unido a la Federación Rusia, lo que implica la obligación de cuidarlos. Mientras tanto, en Donbass crece claramente cierta irritación de que esta región, una vez potente y capaz de dictar decisiones a Ucrania, se haya convertido, en cierta forma, en el chivo expiatorio de lo ocurrido en 2014.

Sin embargo, hay problemas mucho más serios que las dudas infundadas sobre la población de Ucrania. Aparentemente, el sistema, que ahora regula la presencia de ciudadanos ucranianos en Rusia, supone buenos beneficios para ese propio sistema. Los trabajadores ucranianos contribuyen con su trabajo a la economía rusa, pero a ellos no se aplican las obligaciones sociales del Estado, por lo que el coste es mucho inferior que para los ciudadanos rusos. Y aquí el sistema económico entra en contradicción con los intereses políticos, que, por supuesto, es que lleguen a Rusia ciudadanos culturalmente similares, leales y predecibles. En general, este tema está lleno de contradicciones. Pero definitivamente se puede argumentar que el miedo a la potencial maldad de antiguos votantes de Poroshenko o incluso de Lyashko no tienen fundamento.

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