Los estragos causados en la isla de Ischia por un terremoto de escasa magnitud, refuerzan hoy la preocupación en Italia sobre la violación de normas en la construcción y mantenimiento de nuevas y viejas edificaciones.

El sismo de apenas 4,0 grados en la escala de Richter, ocurrido hace dos días en la mayor de la veintena de pequeñas islas italianas y la tercera en tamaño, después de Sicilia y Cerdeña.

El temblor dejó un saldo de dos personas fallecidas, 39 heridas, dos mil 600 evacuadas y cuantiosos daños materiales, especialmente en las localidades de Lacco Ameno y Casamicciola.

El hipocentro del terremoto fue ubicado por el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) a cinco kilómetros de profundidad y el epicentro a tres, al norte del territorio de poco más de 60 mil habitantes, agrupados en cinco municipios asentados en una superficie de 46,3 kilómetros cuadrados y otros 37 de línea costera.

Barano d’Ischia, Casamicciola Terme, Lacco Ameno, Forio y Serrara Fontana son los centros urbanos donde se concentra la población de la isla perteneciente al área metropolitana de la sureña ciudad de Nápoles, en cuyo circuito turístico se inserta como uno de los destinos más importantes, principalmente en esta época del año.

Según el Catálogo Paramétrico de los Terremotos Italianos publicado en 2016, citado por el INGV en un análisis sobre el impacto del reciente movimiento telúrico, en Ischia se registraron con anterioridad 12 sismos, entre 1275 y 1980, con magnitudes relativamente bajas de poco menos de 3,0 y poco más de 4,0 grados.

A pesar de su poca magnitud -apunta el estudio realizado por Romano Camassi y Viviana Castelli- esos terremotos tuvieron efectos de intensidad macrosísmica muy elevados y destructivos, en áreas ‘extremadamente limitadas’, incluyendo el de 1883 en Casamicciola que causó dos mil 300 muertos.

La investigación atribuye esa peculiaridad a factores naturales como la poca profundidad de los hipocentros y la estructura geológica volcánica de la isla, además de otros androgénicos como la elevada densidad poblacional y la vulnerabilidad de las edificaciones.

La existencia de minerales, la fertilidad del suelo volcánico y los manantiales termales, estimularon la presencia humana en la isla a partir del año 1400 antes de nuestra era, con una colonización griega en el siglo VIII.

De acuerdo con los especialistas del INGV, el terremoto de 1883 causó más de dos mil víctimas porque ocurrió en medio de la temporada turística alta, aunque se debe recordar que dos años antes otro sismo produjo daños igualmente graves y el patrimonio constructivo de la isla estaba en pésimas condiciones.

En conferencia de prensa ofrecida al concluir una reunión de evaluación con los alcaldes de Ischia, el jefe del Departamento de Protección Civil, Angelo Borrelli, afirmó que muchas de las construcciones colapsadas o dañadas por el sismo de este 21 de agosto, fueron erigidas con materiales vencidos.

Añadió, según el diario La Repubblica, que al margen de la singularidad volcánica de la isla, lo que pudo observar fue que ‘muchas construcciones fueron realizadas con materiales vencidos que no se corresponden con las normas vigentes y por eso algunos edificios colapsaron o quedaron gravemente dañados’.

Con un tono más enfático se pronunció la organización ambientalista más importante del país, Legambiente, la cual expresó a través de un comunicado que Ischia ha sido siempre el símbolo del abuso en las construcciones desordenadas y la impunidad.

Italia -apuntó la declaración- es un país frágil, desfigurado por el cemento especulativo e ilegal, cuyos números son elocuentes, al registrarse en 2016 alrededor de 17 mil violaciones, en tanto añadió que sólo en la región de Campania, a la cual pertenece Ischia, en los últimos tres decenios ocurrieron 60 mil casos.

Legambiente aclaró que no se trata de violaciones cometidas por necesidad, ‘un fenómeno terminado a mitad de la década de 1990’, sino de ‘sujetos organizados’ que actuaron con impunidad en áreas controladas totalmente por ellos.

Por su parte, el ministro de Infraestructura y Transportes, Graziano Delrío, manifestó que las violaciones de lo establecido para las construcciones, constituyen ‘un vicio antiguo’ para el cual la verdadera disuasión son las demoliciones.

Sin quien comete el abuso -aseveró- pierde la posesión del bien o lo ve destruido, lo pensará 100 veces antes de volverlo a hacer.

‘Se trata también de una cuestión de cultura de la legalidad, sobre la cual evidentemente no se ha invertido nunca lo suficiente’, puntualizó el funcionario en una entrevista concedida a La Repubblica, unos días antes del más reciente terremoto.