Ya se sabe que si EEUU despliega sus tropas en Europa es… por puro altruismo, para proteger a los europeos ante la amenaza de invasión rusa.

Pero la Historia nos muestra que las tropas rusas nunca invadieron Europa. De hecho, sucedió lo contrario, y más de una vez: Napoleón invadió Rusia en 1812 y en 1941 se produjo la invasión desatada por Adolf Hitler. En realidad, la “preocupación” de EEUU por la seguridad de los europeos busca proteger el suelo estadounidense desplazando hacia Europa la línea de fuego de un posible enfrentamiento militar.

Durante el año fiscal 2018 –que comienza el 1º de octubre de 2017– la administración Trump elevará en más de 40% las sumas asignadas a la «Iniciativa para Reasegurar Europa» (ERI), iniciativa que emprendió la administración Obama después de «la invasión rusa ilegal de Ucrania en 2014».

El anuncio proviene del general estadounidense Curtis Scaparrotti, jefe de las fuerzas de EEUU acantonadas en Europa y, por consiguiente, igualmente Comandante Supremo de las fuerzas de la OTAN.

El financiamiento de la ERI comenzó con 985 millones de dólares invertidos en 2015, aumentó a 3 400 millones en 2017 y en 2018 debería llegar –según el pedido de presupuesto– a 4 800 millones.

O sea, en 4 años EEUU gasta 10 000 millones de dólares para «aumentar nuestra capacidad de defender Europa contra la agresión rusa». Casi la mitad del gasto previsto para 2018, 2 200 millones de dólares, se destina a reforzar el «preposicionamiento estratégico» estadounidense en Europa, o sea los arsenales que –en posiciones avanzadas– permiten «el despliegue rápido de fuerzas en teatros de guerra».

Otra parte importante de ese financiamiento, 1 700 millones de dólares, se destina a «aumentar la presencia rotatoria de fuerzas estadounidenses en toda Europa». Los porcientos restantes, que se elevan cada uno a cientos de millones de dólares, van al desarrollo de la infraestructura de las bases en Europa para «aumentar la rapidez de las acciones estadounidenses», a la intensificación de los ejercicios militares y al entrenamiento para «acrecentar la rapidez y la inter-operatividad de las fuerzas de la OTAN».

Los fondos de la ERI, según especifica el Mando de EEUU en Europa, son sólo una parte de los fondos destinados a la «Operación Atlantic Resolve, que demuestra la capacidad estadounidense de respuesta ante las amenazas contra los aliados».

En el marco de esa operación, en enero pasado se trasladó a Polonia, desde Fort Carson, en Colorado, la 3ª Brigada Blindada, que cuenta 3 500 hombres, 87 carros de asalto, 18 piezas de artillería motorizada, 144 vehículos de combate Bradley, más de 400 Humvees y 2 000 vehículos de transporte. Durante el año, la 3ª Brigada Blindada será reemplazada por otra unidad para que haya un despliegue constante de fuerzas blindadas estadounidenses en suelo polaco. De allí, sus unidades serán trasladadas a otros países del este de Europa, con fines de entrenamiento y realización de ejercicios, principalmente en Estonia, Letonia, Lituania, Bulgaria, Rumania y probablemente también en Ucrania, o sea que estarán siempre desplegadas a las puertas de Rusia.

También en el marco de esta operación en febrero pasado se trasladó a la base de Illesheim, en Alemania, desde Fort Drum, en Nueva York, la 10ª Brigada Aérea de Combate, con más de 2 000 hombres y un centenar de helicópteros de guerra. De Illesheim, esas fuerzas de intervención son enviadas a «posiciones avanzadas» en Polonia, Rumania y Letonia. En las bases de Amari (Estonia) y de Graf Ignatievo (Bulgaria), están posicionados cazabombarderos de EEUU y de varios países de la OTAN, incluyendo Eurofighter italianos, para la «vigilancia aérea» del Báltico. La operación incluye además «una presencia persistente en el Mar Negro», con la base aérea de Kogalniceanu (Rumania) y la base de entrenamiento de Novo Selo (Bulgaria).

El plan es evidente. Después de haber propiciado el putsch de la Plaza Maidan y con ello una nueva confrontación con Rusia, Washington –a pesar del cambio de administración– mantiene la misma estrategia: convertir Europa en primera línea de una nueva guerra fría, favoreciendo así los intereses de EEUU y su relación de fuerza con las más grandes potencias europeas.

Los 10 000 millones de dólares que EEUU invierte para «tranquilizar» a los europeos en realidad se usan para hacer que Europa sea menos segura.