Mucho se ha escrito sobre las reacciones de los políticos ante sus triunfos y derrotas, y mucho más seguramente se escribirá, pero a los de Angola les falta hoy una lección tras los comicios generales del día 23.

Recuerdo de los tiempos escolares a un entrenador deportivo que siempre repetía: administren la victoria para que les dure y también administren la derrota para que no les venza el espíritu.

¿Y qué tiene que ver esto con el proceso electoral recién finalizado y en pleno conteo de votos?

Sencillo. Se responde con matemática, afortunadamente una ciencia exacta, y con sentido común, algo más complicado de conciliar.

Los comicios de este miércoles convocaron a nueve millones 317 mil 294 ciudadanos mayores de 18 años de edad. Los datos preliminares publicados en su página por la Comisión Nacional Electoral (CNE) dan cuenta del escrutinio de nueve millones 221 mil 963 votos, el 98,98 por ciento del total.

A 48 horas del cierre de los colegios electorales, el ganador Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) le saca dos millones 314 mil 442 boletas de ventaja a su más cercana perseguidora, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita).

Pero la Unita está separada de la Convergencia Amplia de Salvación de Angola-Coalición Electoral (CASA-CE) por casi el triple de unidades que consiguió esta, que permaneció como la tercera fuerza política en el país.

La diferencia que disfruta el primero es superior al total de apoyo conseguido por el segundo.

Esgrimir un fraude -como han deslizado voceros de tres de las cinco fuerzas opositoras- sería faltarle a la CNE, el árbitro, y sobre todo, a los cientos de delegados de lista (observadores de los partidos en las mesas).

Cada una de las mesas de sufragio tenía de 300 a tres mil votantes, estas las menos. Habría entonces que manipular las boletas de siete mil 700 de ellas, el 30 por ciento, ante la mirada de demasiadas personas.

En este punto la aritmética alerta al sentido común o viceversa.

Durante la larga cobertura preelectoral, la votación y la espera de los resultados llamó la atención un comentarista de la televisión que dijo: hay que ganar con honor y perder con dignidad.

El MPLA con el tercer presidente del país (todavía electo), Joao Lourenzo, celebra su triunfo -todavía preliminar, pero irreversible- sin restregarlo a los otros.

Eso, además de honorable, contribuye a la consolidación de la paz, rubricada hace tres lustros, y de la reconciliación nacional en un país que vivió 27 años de guerra civil, que dejó un millón de muertos.

Parece que la derrota es huérfana como alguna vez acuñó el malogrado presidente estadounidense John F. Kennedy (1961-1963), por cierto, tras un aplastante fracaso de sus servicios de espionaje. Con tantos votos de separación, la sensatez invita al reconocimiento de los resultados o presentar las supuestas pruebas del fraude, el mismo que esgrimieron en 1992, 2008 y 2012, los tres pleitos anteriores.

‘Siempre he vivido en el continente africano y son raros los casos en que, los perdedores, pierden con la cabeza erguida’, comentó el escritor y antiguo diputado por el MPLA Lopito Feijó.

Siempre buscan un chivo expiatorio, en este caso el CNE, en el que están representadas todas las agrupaciones, recordó.

El MPLA se llevó 150 de los 220 puestos de diputados en la Asamblea Nacional, en la que están representados otros cuatro: la Unita (51), CASA-CE (16), el Partido de Renovación Social (dos) y el Frente Nacional de Liberación de Angola (uno).

De esta forma el partido gobernante retuvo la mayoría calificada parlamentaria, y los demás sacan cuentas -parece- con la intención de que dos más dos sea igual a cinco.