En los días finales del verano toda Francia se moviliza para la »rentrée», como le llaman aquí al regreso a clases y al trabajo, un periodo que para el presidente Emmanuel Macron llega cargado de complejidades.

Con poco más de tres meses en el poder, el joven mandatario vuelve a sus funciones en medio de malas noticias: su popularidad cae en picada, la clase política ataca sin contemplaciones su gestión, y los sindicatos le preparan una calurosa bienvenida con una jornada de huelga general el 12 de septiembre.

Tras pasar unas cortas vacaciones en la ciudad sureña de Marsella, el jefe de Estado retomó esta semana sus labores pero lo hizo en el exterior, con una gira por Europa del este, mientras en el país el ambiente se siente cada vez más caldeado.

Las más recientes encuestas registran una caída estrepitosa de la aceptación ciudadana respecto al gobierno del político que se autodefine como centrista: en mayo más del 60 por ciento de los franceses tenían una opinión positiva de Macron, índice que en agosto apenas logra sobrepasar el 30 por ciento.

Entre las razones de la decepción sobresale la intención del mandatario de aprobar por ordenanza, sin someter al escrutinio de la Asamblea Nacional, una reforma al Código de Trabajo dirigida a flexibilizar el mercado laboral.

La normativa es ampliamente rechazada por sindicatos y organizaciones sociales, que preparan una jornada de paro el 12 de septiembre con el fin de denunciar una ley considerada un retroceso en materia de derechos sociales.

‘Ese día muchísima gente va a salir a la calle’, comentó a Prensa Latina una joven militante, y agregó que ‘un país con tanta tradición de lucha social no puede quedarse en casa mientras otros desmontan lo que ya se ha logrado’.

En la arena política, se multiplican las críticas llegadas de las diversas tendencias, comenzando por el expresidente François Hollande.

En referencia a la reforma laboral, estimó que ‘no hay que pedirle a los franceses sacrificios inútiles’, y agregó que continuar liberalizando el mercado del trabajo implica el riesgo de crear rupturas.

Desde la derecha, el ex aspirante presidencial Alain Juppé declaró no saber ‘qué es el macronismo. Decir que se quiere hacer política de otra forma, eso me divierte. Hace 40 años que lo estoy escuchando’.

El ex primer ministro, una de las figuras con mayor peso en el ala conservadora, opinó que ‘todo eso es solo comunicación. Los verdaderos problemas están en otra parte: qué educación, qué política europea, qué política de control de las fronteras europeas, qué política de transición energética verdaderamente eficaz. Esas son las prioridades, el resto es solo espuma’.

Como ha sido usual en los últimos meses, Macron sigue protagonizando los titulares de diarios y cadenas de televisión en Francia, pero ahora los enfoques son mucho menos benevolentes y con una tendencia marcada al cuestionamiento.

Para afrontar esta nueva etapa, fuentes cercanas al Palacio del Elíseo revelaron que en las próximas semanas habrá un cambio en la estrategia de comunicación: el presidente planea aumentar su presencia directa en los medios para poder llevar su mensaje a los franceses.

En este sentido, se prevé revertir la escasez de intercambio con la prensa que marcó el primer trimestre, para avanzar hacia una mayor proyección mediática.

De cualquier forma, en paralelo las autoridades se preparan para los momentos tensos que se avecinan y ya tiene previsto adquirir equipos para el mantenimiento del orden público, incluidas granadas lacrimógenas, fumigantes y lanzadores.

El semanario Marianne reveló esta semana los planes oficiales de invertir 22 millones de euros para sellar ese contrato, con una validez de 48 meses que equivaldrían a la casi totalidad del quinquenio de Macron.

‘¿Acaso el gobierno se prepara para un quinquenio socialmente agitado?’, demandó la publicación.

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