Más que una estrategia integral para Afganistán y el sur de Asia, lo que anunció el presidente estadounidense, Donald Trump, el 21 de agosto pasado, para algunos expertos fue un conjunto de objetivos imprecisos, contradictorios y alejados de la realidad.

El mandatario presentó sus concepciones -más bien la de sus asesores- en un discurso de 26 minutos desde la base de Fort Myer, Virginia, tras varios meses de deliberaciones y tres días después de una reunión en Camp David, Maryland, de su equipo de consejeros de seguridad nacional.

Al parecer, su intención no es lograr un triunfo rápido en esta guerra prolongada, costosa y compleja, sino ganar tiempo para llegar a un arreglo negociado o hallar una salida mediante un compromiso regional.

Algunos de los principales asesores de Trump, incluyendo el ex estratega de la Casa Blanca, Steve Bannon, recientemente despedido, abogaban por la retirada total de los 8 400 efectivos militares norteamericanos que desempeñan tareas de asesoría y a la vez cumplen misiones antiterroristas.

En su intervención, Trump no proporcionó el número concreto de tropas que serán enviadas a suelo afgano, pero en los últimos meses medios de prensa especularon que se desplegarían entre tres mil y cinco mil efectivos hacia la nación asiática.

Altos funcionarios estadounidenses aseguraron recientemente que se enviarían unos 4 000 soldados adicionales, pero este es un dato aún sin confirmar.

Por otra parte, el mandatario reconoció que su instinto original, antes de ocupar la jefatura de la Casa Blanca, era retirar las tropas.

En 2012 escribió en su cuenta de Twitter: ‘¿Por qué seguimos entrenando estos afganos que después disparan por la espalda contra nuestros soldados?’, y a continuación señaló que es hora de regresar las tropas a casa, pues la presencia en Afganistán es un total despilfarro.

Pero ahora, en su intervención en Fort Myer, Trump señaló que la salida rápida de las unidades es inaceptable, pues dejaría un vacío de poder que los terroristas aprovecharían.

Con las nuevas directrices, Trump levantó las restricciones impuestas por el presidente Barack Obama, a las facultades del secretario de Defensa y de los jefes militares para tomar decisiones clave en las operaciones, por lo que ahora los mandos a nivel táctico-operativo tendrán mayor libertad de acción, sin consultar a los políticos.

En general, los criterios de especialistas reflejados en medios de prensa norteamericanos tras el anuncio de Trump coinciden en expresar diferentes niveles de escepticismo acerca de la posibilidad de que las medidas recién anunciadas den un vuelco a la situación en Afganistán.

Al examinar estos y otros elementos, todo parece indicar que el jefe de la Casa Blanca se quedó corto en cuanto a la manera en que guiará la participación de Washington en una contienda en la que han muerto más de 2 300 militares estadounidenses y otros 17 674 resultaron heridos. Además, el saldo de civiles afganos fallecidos se cuenta hoy por decenas de miles, casi 16 años después de su comienzo y tras gastar allí más de 800 000 millones de dólares, a pesar de lo cual no se vislumbra a corto plazo el fin de la contienda y mucho menos la victoria de las tropas de Estados Unidos y sus aliados.