En el frente, la situación no ha cambiado: la batalla no se ha detenido, continúan los enfrentamientos periódicos en los que las partes en conflicto siguen sufriendo bajas, aunque todo ello tiene escasas consecuencias en la situación operativa general.

La “tregua de la cosecha” siempre lo fue solo sobre el papel y ahora es sustituida por la tregua de “septiembre” –a raíz del inicio del curso escolar- que ha fracasado sistemáticamente en años anteriores, por lo que no hay motivo para pensar que en esta ocasión su destino vaya a ser diferente. Como máximo, se producirá una disminución de la intensidad de los bombardeos y enfrentamientos durante unos días, pero, en mi opinión, no se puede esperar un alto el fuego completo.

Las conversaciones del Cuarteto de Normandía y las consultas [de Vladislav Surkov] con Kurt Volker no han dado aún resultados visibles: las partes continúan manteniéndose firmes en sus posturas e insisten en su interpretación de los acuerdos de Minsk, lo que ha dado lugar al existente bloqueo diplomático. Los intentos de discutir el tema de los cascos azules o recuperar la idea del intercambio de prisioneros o la retirada de armamento muestran el deseo de demostrar que el proceso de Minsk no está agotado sino que está vivo, lo que requiere algún progreso en al menos uno de los puntos de los acuerdos. Por el momento, ese progreso no existe.

Evidentemente, el Kremlin no va a abandonar Donbass y Crimea y Estados Unidos no va a aceptar la reconstrucción de Ucrania según el escenario deseado por el Kremlin. Los opuestos puntos de vista llevan a un callejón sin salida en el frente diplomático, continuación del callejón sin salida en el frente militar, donde, por motivos políticos y militares, ninguna de las partes está dispuesta a ser la primera en realizar acciones ofensivas a mayor escala.

Como era de esperar, las elecciones de la RPD y la RPL no se celebraron en verano (los distintos aplazamientos comenzaron en 2015) y es posible asumir que no ocurrirá nada sustancial en este tema este otoño.

En términos de la economía, las Repúblicas continúan con el proceso de separación de Ucrania, ya que es la propia Kiev la que sigue haciendo todo lo posible para que Donbass no tenga conexión económica alguna con Ucrania. A Rusia no le molesta especialmente esta política y acerca a las Repúblicas a su economía e infraestructura, lo que supone que, en una situación de conflicto prolongado, la RPD y la RPL, en su actual estatus intermedio de repúblicas no reconocidas dependen de Rusia. En esta situación de guerra de trincheras, no se puede hablar aún de autosuficiencia económica de las Repúblicas. Rusia subvenciona de facto a las dos repúblicas, pese a que técnicamente, la RPD y la RPL sigan perteneciendo a Ucrania, como ya ocurriera en los casos de Kosovo o Karabaj. La situación de facto es más determinante que las fronteras que existieran antes de 2014.

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