Como un deshielo diplomático entre los dos rivales políticos por excelencia del Medio Oriente, algunos describen a El Hajj con la presencia de miles de fieles iraníes en sitios sagrados islámicos en Arabia Saudita.

Hoy comienza el ritual religioso para los musulmanes aptos físicacamente y con recursos financieros obligados a visitar los lugares sacros de El Corán al menos una vez en la vida.

También marca el regreso de los iraníes a la celebración, toda vez que en 2015 durante una estampida murieron dos mil 300 personas, entre ellos 464 procedentes del país persa.

Esa tragedia provocó amargas recriminaciones de Teherán sobre la custodia por el reino saudita de los sitios sagrados de La Meca y Medina, a causa de lo cual por primera vez en casi tres décadas, excluyeron el año pasado a los peregrinos iraníes.

Después de varias rondas de negociaciones entre los dos antípodas del mundo musulman, Irán, chiíta, y Arabia Saudita, sunita, las dos potencias islámicas, al parecer, superaron diferencias de política y de procedimiento.

Otro obstáculo para la reconciliación surgió a partir de la ejecución por Riad de un clérigo chiíta de enorme prestigio entre los iraníes, Nimr Baqer al-Nimr, a quien acusaron de pertenecer a un grupo terrorista.

Con ese motivo, los simpatizantes del religioso quemaron misiones diplomáticas sauditas en Irán y las dos potencias del Medio Oriente rompieron todo vínculo bilateral.

Las aguas comenzaron a buscar su nivel normal, en virtud de un acuerdo sellado en marzo último que facilitó a un poco más de 85 mil iraníes sus visitas a los lugares sagrados del Islam en Arabia Saudita.

De esa manera, los persas se unen a unos dos millones de musulmanes procedentes de todo el mundo para participar en el Hajj.

‘Estoy feliz de ver a tantos iraníes en los rituales… cuestiones políticas no deberían interferir en un deber religioso, especialmente el Hajj’, apuntó un iraní, Abbas Ali, de 54 años de edad, al salir del aeropuerto de Jeddah, principal punto de entrada para los peregrinos.

Teherán y Riad ocupan lados opuestos en varios conflictos regionales, incluidos los de Siria, Yemen y la crisis diplomática del golfo Pérsico entre Qatar y Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Egipto.

Sin relaciones diplomáticas ni oficinas consulares o embajadas, Arabia Saudita aceptó expedir visados electrónicos para peregrinos iraníes y que la aerolínea bandera persa, Iran Air, transporte a la mayoría de los peregrinos de la República Islámica.

El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohammad Javad Zarif, informó de la expedición de visados diplomáticos de ambos países para reiniciar el camino al restablecimiento de relaciones.

‘Estamos esperando por las medidas que deben adoptarse para el intercambio de visitas entre diplomáticos de ambos países, lo cual debe ocurrir después del Hajj’, señaló.

Irán estableció oficinas consulares temporales para ofrecer servicios a sus ciudadanos y también ha divulgado instrucciones a fin de evitar encontronazos con los funcionarios sauditas.

‘Hemos intentado separar las relaciones bilaterales de la peregrinación’, declaró el exministro iraní de Cultura Salehi Seyed-Reza Amiri.

Otra instrucción clave consiste en evitar en territorio saudita los gritos de ‘Muerte a América’ y ‘Muerte a Israel’ con que usualmente los musulmanes iraníes chiítas finalizan sus oraciones.

En 1987, más de 400 personas, la mayoría de ellos peregrinos iraníes, murieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad sauditas en un mitin contra Occidente celebrado en La Meca.

Tampoco el Hajj incluye motivaciones políticas y de hecho los millones de peregrinos en La Meca y Medina confirman los preceptos islámicos de promover la hermandad entre los hombres y la paz y el diálogo en la solución de conflictos.

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