Unas 400 personas murieron en Birmania en una semana de enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los insurgentes rohinyás en el norte del estado de Rakáin, en la costa occidental de país, según los datos del Ejército birmano.

Esta cifra incluye a unos 370 insurgentes, 13 agentes de seguridad, dos funcionarios  y 14 civiles, según Reuters.

Por su parte, representantes de la ONU estiman que unas 38.000 personas cruzaron de Birmania a Bangladés en la última semana de agosto, después de que insurgentes rohinyás atacaran una treintena de puestos policiales y militares.

Birmania, una nación mayoritariamente budista, deniega ciudadanía y derechos civiles a los rohinyás y mantiene marginalizada a esta comunidad musulmana de unos 1,1 millones de personas, alegando que son inmigrantes ilegales del vecino Bangladés.

En 2012 la violencia interétnica en Sittwe, capital de Rakáin, se saldó con unos 200 muertos y provocó el desplazamiento de casi 140.000 personas, en su mayoría rohinyás.

El conflicto en Rakáin se agudizó después de que insurgentes rohinyás lanzaran una serie de ataques contra guardias fronterizos en octubre y noviembre de 2016.

A finales de agosto, el Gobierno de Birmania declaró terrorista al Ejército para la Salvación Rohinyá de Arakán (ARSA, por sus siglas en inglés) y afirmó que busca crear una república islámica.

El grupo insurgente, que niega tener vínculos con el yihadismo transnacional, respondió que ejerce legítima defensa en un intento de salvar a la comunidad rohinyá de Arakán del «terrorismo de Estado».