El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, cumple hoy cien días de gobierno, en un escenario marcado por el diálogo, implementación de proyectos sociales, lucha anticorrupción y la sombra de fisuras al interior del oficialista Movimiento Alianza PAIS (AP).

El pasado 2 de abril, luego de conocer el triunfo del binomio gubernamental en las urnas, Moreno aseveró: ‘Soy el presidente de todos los ecuatorianos’, y sus primeras acciones han tenido esa línea como base.

La implementación de estrategias sociales que apuntalen el Plan Toda una Vida, rector de la campaña electoral, resulta una de las piedras angulares de los tres meses de gestión de Moreno, a quien las encuestas le conceden altos índices de popularidad, con alrededor del 80 por ciento de aceptación.

El Programa ‘Casa para Todos’, que prevé la construcción de viviendas en todo el territorio nacional para los sectores más vulnerables y la Gran Minga Agropecuaria, encaminada a poner énfasis en el trabajo en el campo y brindar asistencia técnica, capacitación y respaldo económico a los productores, son algunas de las medidas de gran impacto en la sociedad.

A esos planes se sumó el reciente lanzamiento de ‘Médico del Barrio’, cuya finalidad es recuperar la figura del doctor de las comunidades, de cabecera, quien, según las autoridades de salud, identificará y dará seguimiento a embarazadas, ancianos, menores de cinco años y personas con enfermedades crónicas.

La iniciativa, completamente gratuita, también ayudará a descongestionar la gran afluencia de pacientes a centros de salud y hospitales.

La mayoría de esos planes, ya en práctica, resultaron del Gran Diálogo Nacional, convocado por el jefe de estado poco después de asumir las riendas del país, el pasado 24 de mayo, y que incorpora a todos los sectores de la sociedad.

De ahí surgieron también el Frente de Lucha Anticorrupción y el Consejo Consultivo y Tributario, para afianzar el combate a las ilegalidades e impulsar el trabajo conjunto de los actores del sector económico público y privado.

El llamado incluyó a representantes de organizaciones sociales, protagonistas de la vida política y también a figuras opuestas a todo lo que representa la Revolución Ciudadana, iniciada por el expresidente Rafael Correa junto a Alianza PAIS y por la cual votó la mayoría del pueblo, al elegir a Moreno para dirigir la nación.

Los encuentros con la derecha ecuatoriana y críticas a obras y programas realizados durante el gobierno anterior, así como a la administración de la economía nacional destaparon divergencias entre los principales líderes del bloque oficialista, que hoy experimenta fisuras en su interior.

En el seno del movimiento, muchos consideran que Moreno intenta poner distancia del mandato anterior y fustiga obras ejecutadas entonces, cuando si bien es cierto que todo proceso puede ser mejorado, los aciertos en los 10 años de la Revolución Ciudadana, son superiores a los errores.

Como resultado, el presidente vitalicio de Alianza PAIS, Rafael Correa, es hoy uno de los más fuertes críticos del discurso de Moreno; el vicepresidente constitucional, Jorge Glas, fue separado de funciones atribuidas por el mandatario, tras mostrar desacuerdo con algunas de sus acciones y tres miembros del gabinete renunciaron a sus puestos.

No obstante esa compleja situación a lo interno del bloque, el Movimiento insiste en que debe prevalecer la unidad y en buscar consenso entre los protagonistas del diferendo, pues está en juego la consolidación de un proceso revolucionario de más de una década en función de los pobres.

Por otra parte, la lucha contra la corrupción, una de las promesas de campaña, también ha ocupado los primeros cien días de gobierno, período en el cual son visibles los avances en las investigaciones en los casos de corrupción Petroecuador y Odebrecht.

Tras un poco más de tres meses en funciones, la joven administración tiene grandes desafíos para cumplir sus cuatro años: respetar la voluntad popular, cumplir todo lo prometido y mantener la unión de la fuerza política regente.

Analistas políticos estiman necesario seguir la situación actual de esta nación sudamericana, donde los comicios del pasado 2 de abril mostraron que sigue vivo el progresismo, en una región cuya izquierda es golpeada.