El jefe de la Cancillería rusa, Serguéi Lavrov, visitó Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Catar. La gira tuvo ante todo un peso simbólico, sostiene el profesor de politología de la Universidad de Finanzas del Estado ruso, Gevorg Mirzayán. Según él, Rusia trata de demostrar que está dispuesta a trabajar con todos.

Los rivales de Rusia en Oriente Próximo se empeñan en comprobar que Moscú no se lleva bien con los árabes sunitas, apoyando a Irán, al bloque chiita en Siria y hasta acercándose a Turquía. Según explica el politólogo, las sospechas de que Irán y Turquía aspiran a dominar el mundo árabe, se aplican también a Rusia.

«Sin embargo, el Kremlin a través de todas sus acciones trata de demostrar que en este triángulo de conflicto, Moscú no pretende apoyar solo a un bando y no quiere debilitar a los árabes», matiza Mirzayán.

El experto afirma que hasta los propios actores del Oriente Próximo están interesados en que los rusos estén involucrados en la situación regional.

«Por ejemplo, Israel tiene interés en que Rusia participe al máximo en los asuntos internos de Siria para contrarrestar la actividad de Irán en los pasillos del poder de Damasco», apunta Mirzayán.

No obstante, a cambio de su benevolencia y neutralidad, Rusia desearía recibir inversiones árabes.

«El año pasado el comercio creció un 14%, y en los primeros meses de este año aumentó un 43%, lo que significa que pronto alcanzaremos el nivel de más de 500 millones de dólares. Y está lejos del límite», dijo Lavrov tras la reunión con el ministro de Exteriores kuwaití.

El conflicto político entre Catar y varios países del Golfo, principalmente con Arabia Saudí y EAU, poco a poco está perdiendo su importancia. Los saudíes quieren castigar a Catar por su excesiva independencia e ‘ilegibilidad en las relaciones’, es decir, relaciones demasiado estrechas con Turquía, y especialmente con Irán, razona el analista.

Desde su punto de vista, el emir de Catar, Tamim bin Hamad Thani, continuará haciendo frente a sus rivales, porque tiene suficientes recursos económicos y políticos para seguir una política independiente y soportar el bloqueo y el boicot actual.

Ahora, en la zona se observa una situación de empate, suelo fértil para los mediadores que deben intervenir y convencer a las partes de alcanzar un compromiso mutuo.

Sin embargo, el canciller ruso durante su visita a Kuwait subrayó que Rusia «apoya la iniciativa kuwaití y no quiere competir con nadie».

Además, el problema de Catar es un problema interno del Golfo.

«Sería mejor abordar esta cuestión en el marco del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG)», agregó Lavrov.

Para el experto es obvio que la crisis catarí se resolverá a través de intercambios verbales muy complejos entre el bloque de los saudíes y EAU frente a Catar. Estimular este proceso, según él, no es necesario, Moscú no quiere el colapso del CCEAG porque en este caso, desaparecería el contrapeso a Irán.

Por otro lado, ciertas discrepancias en el marco del bloque son beneficiosas porque dan tiempo a Rusia para resolver el conflicto sirio y fortalecer sus posiciones en la región, resume Mirzayán.

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